Cada 2 de septiembre el calendario argentino marca el Día de la Industria, aunque se repasa poco de dónde sale la fecha. Porque no conmemora la fundación de una fábrica ni el nacimiento de algún prócer de la industria: recuerda una maniobra de contrabando ocurrida trescientos años antes de que existiera la Argentina.
La efeméride se instituyó recién en 1941, en conmemoración a la primera exportación realizada el 2 de septiembre de 1587 desde un territorio que entonces dependía del Virreinato del Perú. Para narrar la historia productiva del país, el Estado eligió un episodio del siglo XVI, muy anterior a la existencia de una Argentina como tal.
Un cargamento con plata escondida
Aquel 2 de septiembre de 1587 zarpó del fondeadero del Riachuelo, que por entonces oficiaba de puerto de Buenos Aires, la carabela San Antonio comandada por Antonio Pereyra, con destino a Brasil.
En sus bodegas viajaba un cargamento fletado desde Tucumán, con cubrecamas, frazadas, sombreros, otros tejidos y bolsas de harina producidos en Santiago del Estero, entonces una región próspera gracias a sus obrajes textiles.
El detalle que convirtió a ese envío en leyenda apareció después. Fue cuando dentro de las bolsas de harina viajaban camufladas varias barras de plata provenientes del Potosí, cuya exportación estaba prohibida, y la irregularidad fue denunciada por el propio gobernador de Tucumán, Ramírez de Velasco.
La fecha que hoy homenajea a la industria nacional nació, en rigor, de un caso de contrabando.
De los saladeros a los frigoríficos: la industria que trajo inmigrantes
Mientras el país tardó en dar sus primeros pasos industriales verdaderos (recién a comienzos del siglo XX, después de casi ocho décadas de modelo agroexportador), la mjy nueva región de La Plata tuvo un desarrollo propio y más temprano de lo que suele contarse.
La ciudad de Berisso nació en 1871 ligada a la instalación de un saladero por parte del inmigrante genovés Juan Berisso, sobre tierras que entonces pertenecían a Ensenada.
Esos saladeros fueron reemplazados por la industria frigorífica: en 1904 se inauguró la primera fábrica de congelamiento de carnes del país, la Compañía Swift de La Plata, y en 1915 se sumó el Frigorífico Armour. La inauguración del Armour, el 3 de julio de 1915, contó con la presencia del propio presidente de la Nación, Victorino de la Plaza, y del gobernador bonaerense Marcelino Ugarte.
Los dos establecimientos emplearon a miles de trabajadores y transformaron a Berisso en uno de los puntos de mayor inmigración del país: llegaron corrientes desde Medio Oriente, Albania, Bulgaria, Serbia, Eslovenia, Polonia, Bielorrusia, Croacia e Italia, a las que se sumaron incluso inmigrantes caboverdianos, al punto de que la ciudad terminó adoptando el título de Capital Provincial del Inmigrante.
Esa masa de trabajadores tuvo, además, un rol protagónico en un episodio central de la historia política argentina: buena parte de los primeros manifestantes que el 17 de octubre de 1945 marcharon para reclamar por la liberación de Perón salieron de los frigoríficos de Berisso, encabezados por Cipriano Reyes.
Del petróleo al acero: el complejo industrial de Ensenada
En paralelo a la industria de la carne creció otro eje productivo, esta vez ligado a la energía. En enero de 1925 comenzaron las obras de la Destilería de YPF en Ensenada, y el 23 de diciembre de ese año la inauguró el gobierno, en un complejo que llegó a ser la décima destilería más grande del mundo. Hoy sigue siendo la refinería más importante del país.
A partir de esa base energética, la región sumó durante el siglo XX otros pilares que todavía sostienen su identidad productiva: el Astillero Río Santiago, creado por decreto presidencial en junio de 1953, y la petroquímica Ipako en 1962, Propulsora Siderúrgica en 1969, la Petroquímica General Mosconi en 1974 y Copetro en 1978. Ese entramado convirtió a Ensenada en uno de los polos siderúrgicos y petroquímicos más relevantes de Sudamérica.
Ese pasado explica por qué, todavía hoy, buena parte de la matriz productiva de la región no se explica sin nombrar a Ensenada y Berisso: la Destilería, el Astillero y el polo petroquímico siguen empleando a miles de familias y sostienen alrededor una red de pymes metalúrgicas, textiles y de servicios que nacieron para abastecerlos.
El 2 de septiembre recuerda ese cargamento de tejidos con plata escondida rumbo a Brasil, pero en esta zona bonaerense la fecha carga con otro peso: es también la de los frigoríficos que trajeron oleadas de inmigrantes, la de la Destilería que cumplió cien años en diciembre pasado y la del Astillero que supo ser uno de los más grandes de la región.

