La recesión económica nacional y el desplome del consumo interno no dan tregua en la capital de la provincia de Buenos Aires. El doloroso cierre de Casa Chic Café, ubicado en la calle 25 entre 70 y 71, frente al Hospital San Juan de Dios, sumó un desgarrador capítulo político y social.
Este martes, su dueña, Agustina, le puso voz a una realidad que estremece y que va más allá de un cartel de “cerrado”: la pérdida absoluta del poder adquisitivo de los trabajadores, reflejada en las mesas vacías del local.
En una entrevista realizada por el cronista Nicolás Chillón para el programa de La Cielo 103.5 que conduce Albino Aguirre (“Para más palabras menos”), la comerciante desnudó la crisis socioeconómica que la obliga a terminar el proyecto el próximo domingo 30 de agosto.
Con una caída del 70% en el consumo y la amenaza de nuevos incrementos de costos, sostener el comercio se volvió imposible, incluso contando con la enorme ventaja de no pagar un alquiler mensual.
Esperar el aguinaldo para un café con leche
El pasaje más doloroso y políticamente significativo del diálogo expuso la realidad de los trabajadores estatales y de la salud pública, cuyos salarios quedaron pulverizados por las políticas de ajuste nacional.
“La otra vez pasa una enfermera, me pongo a charlar y me dice: ‘Hace un año que quería venir a tomarme un cafecito y ahora me doy el gustito'”, relató con profunda tristeza la propietaria de Casa Chic.

La devaluación de la vida cotidiana quedó sintetizada en la posterior reflexión de Agustina: “Tuvo que esperar al aguinaldo para que su gusto del año fuese un café con leche con dos medialunas con la promo de (5800 pesos)”.
Frente a la pérdida del poder adquisitivo de los médicos y enfermeros de un hospital público de tres manzanas de superficie, desayunar en un café ya no es una rutina accesible, sino un lujo de planificación anual.
Del sueño post-pandemia al derrumbe del consumo
La historia de Casa Chic refleja la resiliencia de los emprendedores locales. Agustina ya había sufrido el impacto de la pandemia, que la obligó a cerrar un salón de eventos. Decidió usar el espacio familiar de zona sur como depósito y oficina de ambientación, pero los vecinos la impulsaron a abrir un “cafecito a la calle” en un área que carecía de opciones gastronómicas.

Agustina no es una improvisada: es técnica en marketing y licenciada en economía de empresas. Su diagnóstico comercial era perfecto, estando frente a un hospital que no tiene buffet interno y donde transitan cientos de personas diarias de toda la provincia. Diseñó el local con una cálida estética de los años 50 y una clave de Wi-Fi que rezaba “pasá quédate”.
Sin embargo, ninguna planificación pudo contra la recesión generalizada: “La realidad es que del año pasado a este año la situación económica pegó muy fuerte y la baja es de un 70% en el consumo. Es insostenible”.
Sin pagar alquiler y con estudios, es inviable
A diferencia de otros comerciantes que sufren por contratos de locación abusivos, Agustina trabajaba en una propiedad familiar. Aun así, la asfixia del consumo pulverizó la viabilidad del negocio.
“Trabajo desde los 16, hace 35 años, tengo 51. Realmente ningún gobierno me regaló absolutamente nada, todo lo que hice lo hice sola”, remarcó la comerciante para despejar especulaciones partidarias. Añadió que buscaron dar trabajo y ofrecer precios lógicos, como su promoción de café con leche con dos medialunas o tres chipás a 6800 pesos (con descuento a 5800 pesos para personal del hospital o donantes de sangre).
La frustración final de Agustina retrata el desamparo de la clase media argentina frente a las políticas de desregulación: “Hoy como profesional, como emprendedora y con todo el bagaje que tengo no puedo, y sin alquilar, no puedo sostener una cafetería frente a un hospital público… La verdad no sé qué puede funcionar si no soy capaz de vender un café”.
Para paliar la situación ante el cierre del domingo, liquidarán su stock de mercadería: “Vamos a estar vendiendo el café en grano o café molido a menos del costo, a 14400 pesos el cuarto”. En La Plata se apaga otro punto de encuentro, dejando una dura postal de la crisis nacional.

