El consumo masivo volvió a mostrar señales de debilidad en julio y profundizó una tendencia que ya atraviesa todo 2026. Según el último relevamiento de la consultora Scentia, las ventas de productos de consumo masivo cayeron 2,6% interanual, con retrocesos tanto en supermercados como en comercios de cercanía. Se trata del séptimo mes consecutivo de caída respecto del mismo período del año anterior.
Aunque el resultado representa una leve mejora frente al 2,7% de junio, el acumulado de los primeros siete meses del año mantiene una baja del 2,9%. En la comparación mensual, en cambio, julio registró una suba del 4,2% frente a junio, con mejoras en todos los canales relevados. La recuperación, sin embargo, todavía no alcanza para revertir el deterioro interanual.
El dato adquiere especial relevancia porque se conoció apenas un día después de que Javier Milei asegurara que el consumo privado se encuentra en “máximos históricos”, junto con el PBI y las exportaciones. La afirmación del Presidente se basa en el indicador de consumo privado de las cuentas nacionales del INDEC, que contempla un universo mucho más amplio que la compra cotidiana de alimentos, bebidas, productos de limpieza e higiene.
La medición de Scentia, en cambio, permite observar qué está ocurriendo con el consumo masivo en los comercios. Y allí la recuperación todavía no aparece.
Siete meses consecutivos de caída
El deterioro se refleja también cuando se toma una perspectiva más amplia. De acuerdo con Scentia, el consumo masivo se encuentra actualmente en torno al 86% del nivel registrado en enero de 2023. En diciembre de ese año había alcanzado un máximo del 111%, mientras que en diciembre de 2025 había llegado al 99%.
En apenas siete meses, el indicador perdió 13 puntos respecto de aquel último máximo. La caída tampoco se limita a los grandes supermercados. En julio, las ventas en las cadenas de supermercados retrocedieron 0,6% interanual, mientras que los autoservicios independientes, almacenes y supermercados barriales, bajaron 1,2%. El canal tradicional, que concentra buena parte de las compras de cercanía, continúa así mostrando las dificultades que atraviesan los consumidores.
Los kioscos fueron todavía más afectados, con una caída del 6,1% interanual, mientras que las farmacias registraron una mejora del 2,7%.
El único canal que volvió a mostrar un crecimiento extraordinario fue el comercio electrónico, con una expansión del 39,9% interanual. Sin embargo, su fuerte crecimiento no alcanza para compensar el retroceso de las ventas presenciales, dado que su participación sobre el consumo total continúa siendo considerablemente menor.
Los productos básicos tampoco escapan de la caída
El deterioro aparece incluso en varias categorías vinculadas al consumo cotidiano. En julio, las ventas de alimentos crecieron apenas 0,4%, mientras que las categorías de desayuno y merienda retrocedieron 8,4%, limpieza de ropa y hogar cayó 6,5% e higiene y cosmética bajó 0,5%. Las bebidas fueron una de las excepciones, con un crecimiento del 5,7% en las no alcohólicas y del 12,4% en las alcohólicas.
En lo que va del año, además del comercio electrónico, las farmacias son el único canal que mantiene un resultado acumulado positivo, aunque con un incremento marginal del 0,2%. En el otro extremo, los supermercados de cadena acumulan una caída del 4,1%.
La contradicción con el discurso oficial
Los números de Scentia y NielsenIQ no necesariamente contradicen las estadísticas oficiales sobre consumo privado, porque se trata de indicadores diferentes. El consumo privado que utiliza el Gobierno dentro de las cuentas nacionales incluye bienes y servicios de un universo mucho más amplio: entre otros, turismo en el exterior, bienes importados, combustibles, servicios públicos, salud y servicios financieros.
Por eso, un crecimiento del consumo privado registrado por el INDEC no implica necesariamente que los argentinos estén comprando más productos en supermercados, almacenes, kioscos o comercios de barrio.
De hecho, mientras el Gobierno destaca la evolución del consumo privado, los datos de ventas cotidianas muestran que el bolsillo todavía no logra recuperar de manera sostenida el nivel de consumo previo.
El comercio electrónico aparece como una excepción y muestra una transformación en los hábitos de compra. En los primeros siete meses del año, las ventas online de alimentos crecieron 50,1%, las de bebidas alcohólicas 40,7% y las de desayuno y merienda 33,2%. Pero su peso dentro del conjunto sigue siendo limitado: según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, representa aproximadamente el 8% del total de la demanda interna.
Así, el dato alentador de julio, la mejora mensual del 4,2%, queda opacado por un indicador más difícil de ignorar: el consumo masivo lleva siete meses consecutivos por debajo del nivel del año pasado y todavía permanece lejos de los máximos recientes. Para que el escenario cambie, la recuperación mensual deberá transformarse en una tendencia sostenida y, sobre todo, conseguir trasladarse a las compras que realizan todos los días los sectores más golpeados por la pérdida de poder adquisitivo.

