En épocas de malvado y organizado vilipendio a la inmigración en Argentina, hubo un suceso que da por tierra con esas malintencionadas narrativas. Un tradicional espacio de venta y consumo de café en el barrio platense de La Loma, vivió un fin de semana particular. Por primera vez una cafetería de la capital bonaerense recibió en persona a los productores de la finca de la que proviene parte de su materia prima.
Según consignó la publicación “Pinta Magazine“, se trata de Olga Aragón y José Alvarado, caficultores hondureños con una finca familiar en una zona montañosa de Honduras, que viajaron especialmente para compartir con un grupo de entusiastas del café la historia de su tierra y de su producción.
El encuentro se dio en el marco de la presentación de una colaboración inédita entre el proyecto familiar de la pareja hondureña y el histórico tostador platense. Durante el evento, Aragón y Alvarado repasaron ante los presentes cómo es el proceso productivo del café en su finca y de qué manera esa actividad integra al resto de la comunidad de la zona donde viven.
Las bondades de la inmigración
El resultado de esa alianza tiene nombre y apellido: un microlote limitado bautizado “Lepaera Lempira”, cultivado a 1200 metros sobre el nivel del mar en la finca de la familia hondureña, con varietales Paraiema e IH Café 90 y notas de cata a chocolate amargo y naranja.

Ese café, producido íntegramente en la finca de Aragón y Alvarado, fue tostado en La Plata por José Luis, quien forma parte del equipo de “La Bastilla” y, además, es hijo de la pareja de productores centroamericanos. La particularidad del proyecto es, entonces, que un mismo grupo familiar interviene en las dos puntas de la cadena: desde el cultivo en la montaña hondureña hasta el tueste final en la ciudad, con el joven inmigrante.

Primera vez en La Plata
De acuerdo con el medio que cubrió el evento, se trata de la primera ocasión en que una cafetería platense recibe de manera presencial a los propios productores del café que comercializa. La actividad convocó a un grupo de aficionados y profesionales del rubro, que pudieron degustar el nuevo lote y escuchar de primera mano el recorrido del grano, desde la cosecha hasta la taza.

La visita se enmarcó además en los festejos por un nuevo aniversario del espacio, que combina la venta de café en grano y molido con un sector de café al paso. A pesar de tratarse de un comercio histórico, se ‘aggiornó’ y desde hace años ya funciona como punto de referencia para el consumo de café de especialidad en la ciudad.


