Mientras Javier Milei repite que el Reino Unido es uno de los espejos donde la Argentina debería mirarse (memoria de Margaret Thatcher incluida), en Londres circula una noticia que probablemente no vaya a citar en sus cadenas nacionales: 120 millonarios británicos le pidieron al nuevo primer ministro, Andy Burnham, que les cobre más impuestos.
La propuesta, impulsada por la organización Patriotic Millionaires UK, plantea una alícuota del 2% para los patrimonios que superen los 13 millones de dólares. La integran empresarios, artistas y deportistas que decidieron, ellos mismos, pedir que el Estado les saque más plata.
“No hablamos de los que trabajan todos los días”
En la carta que hicieron llegar al Gobierno, los firmantes fueron explícitos sobre a quién apunta la medida: a los que viven de la renta del patrimonio, no del trabajo cotidiano. Entre los que pusieron la firma está el exfutbolista y presentador Gary Lineker, que pidió “una sociedad más justa” con el aporte de todos.

La iniciativa aparece en un país donde el debate por la desigualdad viene escalando hace años, y donde una parte del stablishment empresarial (no precisamente sospechado de izquierdista) entiende que la salida no pasa por bajarle impuestos a los que más tienen, sino por pedir que les cobren más.
La respuesta libertaria, previsible
Ahí es donde el “modelo británico” empieza a parecerse menos al sueño libertario. Desde el Tesoro, la viceministra Emma Reynolds contestó con una fórmula tan educada como elusiva: dijo que quienes quieran pagar más ya pueden hacerlo de manera voluntaria, sin necesidad de un nuevo tributo.
La receta se repitió en la oposición conservadora. Su líder, Kemi Badenoch, fue en la misma línea: si alguien quiere hacerle un cheque al Estado, “nadie se lo impide”. Es decir, ningún funcionario del establishment británico (oficialismo o conservadores) está dispuesto a promover el impuesto, aunque sean los propios millonarios los que lo pidan.

Un contraste incómodo
La escena resulta particularmente incómoda para el relato libertario que el Gobierno argentino construyó alrededor del Reino Unido como modelo a seguir.
Mientras acá se insiste con el techo fiscal y la baja de impuestos como único camino, allá los que tienen la billetera más gorda salen a pedir, en carta pública, que el Estado les cobre más.

Nada indica que la propuesta vaya a prosperar en lo inmediato: el propio Gobierno británico ya dejó en claro que prefiere la voluntad individual antes que la ley. Pero la sola existencia del planteo (y el rechazo institucional casi automático que generó) deja una postal que contrasta con el discurso que se repite de este lado del Atlántico.

