La partida física del Indio Solari transforma el dolor colectivo en un refugio de memoria y gratitud. Detrás de esa iconografía que hoy adorna los pechos y las pieles de miles de argentinos en forma de tatuaje —y que hoy se vuelve bandera de luto—, se esconde una historia de improvisación, influencias fortuitas y una química creativa que cambió el rock nacional para siempre. Ricardo “Mono” Cohen, Rocambole, el artista que le dio rostro a la identidad visual de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, desentrañó a lo largo de los años la génesis de un delirio que hoy entra definitivamente en la inmortalidad. Tiempo atrás, en los estudios de “Bonaherencia” por INFOCIELO PLAY Rocambole recordó anécdotas con el cantante.
Un nombre de azar para una leyenda eterna
Una de las anécdotas más curiosas que hoy cobra un brillo de mito fundacional rodea el nacimiento del nombre de la banda. Según relataba Rocambole, todo comenzó cuando Skay Beilinson se encontraba en Salta administrando tierras familiares y pactó un recital en un bar local. Ante la necesidad de un nombre para la publicidad, Skay consultó a Solari, quien respondió desde la distancia con una frase que quedaría en la historia: “Patricio Rey y sus redonditos de ricota, por decir algo”.
Ese “decir algo” no era puro azar; tenía dos raíces entrelazadas que pintan el espíritu de la época. Por un lado, una antigua sección de recetas de famosos en una revista donde un tal Patricio Rey —”probablemente un músico de jazz o foxtrot”— enseñaba a preparar “redonditos de ricota”. Por el otro, la realidad performática y contracultural de los primeros años, en aquellos tiempos de happenings, un personaje llamado “El Sultán” (un profesor de secundaria apodado “el 12”) se disfrazaba y repartía buñuelitos de ricota en bandejas entre el público.
El estruendo soviético que inspiró “Oktubre”
La creación de Octubre, el álbum que marcó a fuego el pulso de los años 80 y la identidad de la banda, también tuvo un disparador inesperado que hoy se recuerda con nostalgia. Rocambole rememoraba que el concepto revolucionario del disco nació tras una visita colectiva al Luna Park para ver al coro del Ejército Rojo de Moscú. El impacto de las voces graves fue tal que Skay quedó alucinado y propuso, “vamos a hacer algo con esos bajos, con esas cosas así”.
De aquel impacto sonoro surgió una de las estéticas más potentes del rock. El propio Indio Solari recordaba con humor el diseño de las letras que Rocambole había creado invirtiendo caracteres para simular el alfabeto cirílico, llamándolas “letras sovieticoides”. Además, el Indio destacaba cómo el arte de tapa le daba un tinte “muy peronista” a la obra, al incluir referencias históricas tan potentes y locales como la Catedral de La Plata incendiándose en un horizonte de banderas rojas.
Luca Prodan y el tema que los Redondos callaron por respeto
La mística de la banda se alimentaba de una escena donde la hermandad y la improvisación mandaban. Rocambole solía recordar que “no había mucho planificado en los recitales; sucedía lo que tenía que suceder”. En ese contexto de libertad absoluta, se produjo un encuentro legendario con Luca Prodan en el boliche Cemento, un cruce de planetas que hoy resuena en el cielo del rock.
Luca, fascinado por el tema “¿Por qué no hablar de ciertas cosas?”, decidió subir a cantarlo con ellos. El resultado fue tan abrumador que el Indio y la banda tomaron una decisión drástica. Rocambole contaba que “la versión de Luca era impresionante, tremenda, muy buena”, por lo que los Redondos decidieron no tocar más ese tema. Sentían, con una honestidad artística brutal, que la interpretación del líder de Sumo era insuperable.
El viaje hacia la eternidad
Estas historias, que transcurrieron entre ginebras compartidas con Luca, delirios visuales inspirados por coros rusos y madrugadas de autogestión, forman el tejido de una banda que nunca buscó la independencia como una estrategia comercial. Como bien explicaba Rocambole, fue simplemente “imposible que pudieran grabar con una grabadora” debido a su intransigencia artística y su negativa rotunda a ceder la autoría de sus obras.
Hoy, ante la partida del Indio Solari, esas anécdotas dejan de ser simples recuerdos del pasado para convertirse en los pilares de un santuario popular. El hombre se ha ido, pero la Alianza Cósmica entre su voz y el trazo de Rocambole queda flotando en el aire, como un eco eterno, en el pogo más grande del mundo.

