El pasado volvió a irrumpir con fuerza y sin filtro en una actividad encabezada por el expresidente interino y exgobernador bonaerense Eduardo Duhalde. La presentación de un libro sobre su gestión terminó envuelta en tensión, gritos y cánticos cuando familiares y militantes ligados a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki irrumpieron en el auditorio para recordar la Masacre de Avellaneda.
“A Darío y Maxi los vamos a vengar con la lucha popular”, cantaron a los gritos frente a los presentes, mientras levantaban banderas y exigían memoria y justicia por los asesinatos ocurridos el 26 de junio de 2002 durante una represión policial en el Puente Pueyrredón. La escena ocurrió durante la presentación del libro en la Universidad Nacional de Lanús.
La actividad giraba alrededor del libro “La gobernación de Eduardo Duhalde 1991-1999. El proyecto político que transformó la Provincia de Buenos Aires”, escrito por Aritz Recalde. Pero la discusión académica quedó rápidamente sepultada por el reclamo político.
Viejas heridas
Los manifestantes apuntaron directamente contra Duhalde como “responsable político” de la represión que terminó con la vida de Santillán y Kosteki en plena crisis social y económica de principios de siglo.
“Ni olvido ni perdón”, repetían algunos asistentes mientras el acto se desordenaba. Otros coreaban: “Como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar”, en un clima cargado de tensión y fuerte contenido político.
La llamada Masacre de Avellaneda sigue siendo una de las escenas más recordadas de la Argentina post 2001. Las imágenes de Darío Santillán intentando asistir a Maximiliano Kosteki dentro de la estación Avellaneda quedaron grabadas como símbolo de la represión estatal de aquella época.
El fantasma del 2002
Aunque pasaron más de dos décadas, el episodio todavía persigue la figura de Eduardo Duhalde. Distintas organizaciones sociales sostienen desde hace años que las responsabilidades no terminaron en los policías condenados por los asesinatos.
Por eso, la reaparición pública del exmandatario volvió a encender la polémica. La protesta interrumpió la presentación del libro, a la vez que transformó el evento en una escena atravesada por la memoria, la bronca y las cuentas pendientes de la política bonaerense y argentina en general.
El cántico resonó fuerte en el auditorio y dejó en claro que, para un sector de la militancia, la herida de Avellaneda sigue abierta.

