Hay una habilidad particular que desarrollan ciertos empresarios exitosos: la de leer un solo indicador, el que les conviene, y presentarlo como panorama completo. Marcos Galperín la practica con consistencia.
Esta semana, el fundador de Mercado Libre (valuada en más de 100.000 millones de dólares y con sede fiscal en Uruguay) salió a defender el rumbo económico de Javier Milei con un dato del mercado inmobiliario: “En marzo se escrituraron 18% más propiedades que el año pasado y es el segundo mejor marzo de los últimos 10 años. Una recesión rarísima esta”. El sarcasmo es efectivo. También es deshonesto.
La mesa que se vacía
Ese mismo marzo en que los escribanos “trabajaron a pleno”, el consumo aparente de carne vacuna experimentó una caída del 10% interanual, llevando el promedio móvil a 47,3 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en dos décadas para ese mes. Mientras tanto, el consumo interno siguió cayendo hasta marcar mínimos históricos.
No es un corte premium el que desaparece de la mesa. La escalada de los precios golpea directamente el consumo de las familias y fuerza un cambio de hábitos: en el último año, cada argentino consumió 5 kilos menos de carne.
Los lácteos confirmaron el cuadro. En el primer bimestre de 2026, el consumo de bienes esenciales de la canasta alimentaria volvió a derrumbarse: leche fluida cayó 28%, leche en polvo 6%, carne 14% y yerba 6%.
Fuentes del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina señalaron que, al tratarse de alimentos básicos con poca elasticidad en la demanda, el descenso está directamente relacionado con la caída de los ingresos. Cuando un país deja de tomar leche no es porque cambiaron los gustos.
El negocio de los que tienen dólares
¿Quién compra, entonces, esas propiedades que Galperin celebra? Según el empresario inmobiliario Alejandro Sosa, el segmento del departamento (o casa) usado es hoy el refugio de quien tiene el billete en mano: “En el usado hay valor porque todavía no reflejó el nuevo costo de construcción”.

Quienes mejor aprovecharon el contexto fueron los que compraron cuando los valores tocaron piso, y el margen de negociación que antes era amplio hoy difícilmente supera el 5%. Las previsiones apuntan a un crecimiento de entre 6% y 12% en los precios para lo que resta de 2026.
La traducción es así: el ajuste empobreció los salarios en pesos y abarató los inmuebles en dólares. Quienes tenían dólares compraron activos reales a precio de remate. En unos años los venderán más caros.
Que uno de sus mayores beneficiarios salga a interpretarlo como señal de salud general no significa un “error de análisis”… Es un conflicto de interés presentado como lectura económica.
El termómetro roto
Galperín no vive la economía que miden los indicadores populares pero si se aprovecha de ella. Él, en su vida real, vive la que mide el precio del metro cuadrado en Palermo, el rendimiento de sus bonos y la valuación de su empresa. Desde ahí, la recesión puede parecer, en efecto, “rarísima”.
El problema no es que le vaya bien. El problema es la operación intelectual de usar su termómetro para decirle al resto del país que no tiene frío.
El fuerte ajuste del Gobierno de Milei logró terminar con el déficit fiscal primario y reducir la inflación anual, pero a costa de la parálisis de los ingresos, el consumo y la actividad productiva.
Eso es algo diferente a una recesión rarísima. Es una recesión con ganadores y perdedores muy concretos. Y Galperín, que sabe perfectamente leer números, lo sabe a la perfección.

