Raúl Ojeda, el juez que realizó una intervención en la reforma laboral impulsada por el Gobierno, rompió el silencio en una entrevista en “Palabras más, palabras menos” de LA CIELO FM 103.5 analizó el estado de la causa, defendió su trayectoria y describió el clima de tensión que se vive en los tribunales.
La justicia restableció la vigencia de la reforma laboral impulsada por el Gobierno Nacional, en este sentido, Ojeda, quien originalmente había dictado una medida cautelar suspendiendo 81 de los 83 artículos cuestionados por la CGT, explicó la situación técnica:“Lo que cambió la cámara es solamente el efecto, le puso efecto suspensivo. La cautelar queda suspendida hasta tanto se analice en profundidad lo que va a ocurrir”.
Sin embargo, el magistrado fue tajante al aclarar que el fondo de la cuestión —la constitucionalidad de la reforma— sigue sin resolverse, “nadie se expidió todavía sobre la cuestión de fondo, imagínese qué mal hablaría de la justicia el hecho que se le dé la razón al gobierno en una resolución de tres párrafos”.
Entre el currículum técnico y las etiquetas políticas
Uno de los momentos más tensos de la crónica judicial es el etiquetado político. Ante las acusaciones de ser un “juez K”, Ojeda respondió con ironía y datos de su propia carrera, “si yo fuera un juez K, Alberto Fernández me habría nombrado camarita cuando fue presidente; yo estaba primero en un concurso y no me nombró, así que tan K no debo ser”.
Recordó su paso por el Ministerio de Trabajo como asesor de Carlos Tomada, aunque subrayó el carácter técnico de su función, sosteniendo que fue “un asesor técnico que escribía leyes y decretos, cuando el ministro Tomada me tomó, no me preguntó de qué partido era yo ni qué partido había votado, miró mi currículum nada más”. Incluso, destacó su independencia al señalar que, ya siendo juez, le tocó revocar decisiones del propio Tomada, “tuve la experiencia de que en alguna resolución que adopté tuve que revocar decisiones que había tomado Tomada como ministro… no le debe haber causado gracia”.
El fondo del conflicto
Para Ojeda, la función primordial de un juez es clara, “una ley repugnante a la Constitución no es ley y no debe ser aplicada”. Al ser consultado sobre por qué decidió “frisar” gran parte de la reforma, apuntó a cuestiones que considera “graves”, como las limitaciones al derecho de huelga, la vigencia de convenios colectivos y la situación de los trabajadores de plataformas.
Sobre este último punto, el juez utilizó una metáfora filosa para cuestionar el intento de la ley de encasillar jurídicamente realidades que parecen evidentes, sostuvo que“como decía el viejo Capón Filas, esto que tiene cuatro patas, ladra, mueve la cola, ¿no es un perro? Cuando una ley pretende encasillarse o encatar jurídicamente un concepto, comete un error”.
Tiempos violentos
Ante los rumores de denuncias en su contra por parte del Ejecutivo, Ojeda se mostró imperturbable:“Eso forma parte del Padre Nuestro de cada día, está en la naturaleza de nuestro trabajo que quien pierde nos quiera denunciar”.
Sin embargo, lamentó el clima de confrontación actual. Durante el proceso, intentó buscar un punto de entendimiento que fue rechazado, “en la audiencia que tuvimos con las partes, Estado Nacional y CGT, quise pactar una cláusula de paz social mientras se debatía el expediente y se me rieron en la cara”. A pesar de ello, el magistrado concluyó reafirmando el rol de la justicia frente a los “tiempos violentos” que corren y fue contundente “los jueces justamente estamos para transmitir paz y tranquilidad a la gente y resolver los conflictos en un marco civilizado”.
Por el momento, la reforma laboral vuelve a estar vigente por decisión de la Cámara, pero la batalla legal liderada por el juez que se define a sí mismo como un técnico de carrera, promete nuevos capítulos.

