Lo que durante años fue sinónimo de adrenalina, descontrol y postales repetidas de cada verano, hoy expone una escena muy distinta y, a la vez, inquietante. La Frontera de Pinamar volvió a quedar en el centro de la polémica tras la difusión de dos videos que muestran, desde ángulos opuestos, el nuevo rostro del lugar luego de los accidentes fatales y la batería de prohibiciones que le siguieron.
En el primero de los registros, que se viralizó rápidamente en redes sociales, se ve a un grupo de chicos corriendo carreras a pie sobre la arena. No hay cuatriciclos, no hay motos ni camionetas preparadas para la travesía extrema. Solo risas, gritos y una competencia improvisada que muchos interpretaron como una burla directa a las restricciones vigentes. La escena no pasó desapercibida: el gesto irónico parece decir lo que ya no se puede hacer, lo hacemos igual, aunque sea caminando.
Ese video, breve pero elocuente, refleja el clima que quedó instalado tras la prohibición total de circular con vehículos en la zona. Para algunos, es una provocación. Para otros, una forma de catarsis frente a un espacio que fue despojado de su esencia original luego de una seguidilla de tragedias que marcaron un antes y un después.
No entendieron nada: detuvieron a dos hombres que corrían picadas en los médanos de Villa Gesell
El segundo video, en cambio, es todavía más contundente. Allí no hay risas ni movimiento. La cámara recorre la Frontera y lo que aparece es un paisaje desierto, casi fantasmal. No se ven turistas, no se escuchan motores, no hay banderas ni grupos reunidos. La arena intacta y el silencio absoluto dominan la escena, como si el lugar hubiera quedado suspendido en el tiempo.
Esa postal resume el impacto real de las medidas: un sitio históricamente colmado durante el verano hoy luce vacío, custodiado por controles y atravesado por normas que buscan evitar nuevas tragedias, pero que también modificaron por completo la dinámica turística y social del sector.
Entre la burla de quienes ironizan con lo que ya no se puede hacer y la soledad de un espacio que parece haber sido abandonado, La Frontera de Pinamar expone una contradicción incómoda. El intento de ordenar y prevenir convive con la sensación de haber apagado uno de los íconos más extremos de la costa atlántica.
PROYECTO DE LEY
Un nuevo proyecto de ley ingresó este martes a la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires con un objetivo contundente: prohibir la circulación de vehículos motorizados en todas las playas de la costa atlántica bonaerense. La iniciativa surge como respuesta directa a la seguidilla de accidentes graves y tragedias que marcaron el inicio de la temporada de verano 2026, especialmente en zonas de médanos como “La Frontera” en Pinamar.
De aprobarse esta ley, cambiaría radicalmente la forma de hacer turismo en balnearios clásicos del off-road como Pinamar, Villa Gesell y Necochea. Las implicancias directas serían:
Fin de las “bajadas náuticas” recreativas: Se restringiría el acceso de camionetas a la orilla del mar.
Protección del médano: Se impediría la tracción 4×4 en zonas de dunas vivas, protegiendo la barrera natural.
Unificación de criterios: Un turista no tendría que averiguar si en un municipio es legal bajar a la playa y en el de al lado no; la prohibición sería provincial.
El debate recién comienza en la Legislatura, pero la presión social tras los accidentes de enero podría acelerar su tratamiento en las comisiones de Seguridad y Turismo.

