Desde que el episodio se estrenó en Nochebuena, “Purple Rain” aumentó del 243 % en las reproducciones globales en Spotify y un aumento del 577 % en las reproducciones globales de la Generación Z (1997 – 2012) en concreto, según ha revelado Variety. “When Doves Cry” también tuvo un aumento del 200 % en las reproducciones globales, así como un aumento del 128 % en las reproducciones de la Generación Z.
Las reproducciones totales del catálogo de Prince han aumentado un 190 %, con un incremento del 88 % en las reproducciones de la Generación Z.
No se cual habrá sido el arreglo, lo complejo del mismo, pero es sabido que Prince no “prestaba” sus canciones para películas (o series) a no ser las que eran de él y mucho menos dos.
Purple Rain es una tormenta perfecta donde el rock, el funk, el pop y el gospel chocan bajo el control absoluto de un artista que entendió, antes que nadie, que el futuro de la música pasaba por dominarlo todo: el sonido, la imagen y el mito.
En 1984, Prince Rogers Nelson no buscaba solo un hit. Buscaba trascender. Y lo hizo con una obra total: álbum, película y manifiesto personal. Purple Rain fue su salto al vacío… y su coronación.
Un artista contra el mundo
Prince ya venía de romper moldes con 1999, pero sentía que el éxito no alcanzaba. Quería algo más grande, más ruidoso, más peligroso. Así nació la idea de una película semiautobiográfica protagonizada por él mismo: The Kid, un músico brillante y autodestructivo que pelea contra su pasado, sus rivales y su propio ego en los clubes nocturnos de Minneapolis.
No hacía falta leer demasiado entre líneas: la relación violenta con su padre, la obsesión por el control, el miedo a convertirse en aquello que odiaba. Purple Rain era ficción, sí, pero también era confesión.
Grabado en vivo, tocado con sangre
La mayor herejía del disco fue su sonido. En plena era del estudio hiperproducido, Prince decidió grabar gran parte del álbum en vivo, en el mítico First Avenue. El tema “Purple Rain” nació ahí, durante un show benéfico de 1983: una balada épica construida sobre acordes simples, un solo de guitarra llorado y un final que suena a iglesia incendiándose.
Después vendrían los detalles de estudio, las cuerdas, las capas. Pero el alma ya estaba ahí: sudor, feedback y fe.
Y mientras el resto del pop se apoyaba en fórmulas seguras, Prince se animó a lo impensado: “When Doves Cry”, un hit mundial sin bajo, una anomalía rítmica que desafiaba todas las reglas del funk y aun así dominó los rankings.
El color del apocalipsis
Prince nunca explicó del todo qué significaba “Purple Rain”, y ahí radica su poder. El púrpura como mezcla de lo divino y lo carnal. La lluvia como final, como purificación, como último llamado antes del caos. En el universo de Prince, el amor es urgente porque el mundo puede terminar mañana. Y eso encaja perfectamente en el final de Stranger Things.
Durante la huida hacia el portal, sonó el sexto tema del disco, “When Doves Cry”, o el primero del lado, marcando el tiempo hacia la destruccion del mundo de Vecna y acompañando el desplazamiento del grupo. Dustin avisa a Hopper para que inicie la detonación del nucleo que pondrá fin para siempre al Mundo del Revés. El que fuera sheriff de Hawkins inicia el proceso, a ritmo del When Doves Cry de Prince, cuando Murray pone la púa en el disco.
La composición de Purple Rain
Pocas canciones tienen tanta fuerza con sus primeras notas como Purple Rain. El tema de Prince ha llegado a nuestros días como una canción imprescindible dentro de su legado y para la música a nivel mundial. La sensualidad de su voz y los acordes de su melodía hacen el combo perfecto para recordar por siempre al Genio de Minneapolis.
Purple Rain fue escrita como parte de la película del mismo nombre, mostrando a Prince como uno de los talentos más brillantes de los años 80 y demostrando que no solo era un príncipe del pop, sino también una estrella del cine. Pero, incluso con el contexto de la canción, encontrar un significado definitivo de su letra es una tarea difícil.
La canción fue escrita en 1983 y tenía la intención de ser country . Antes de llegar a manos de Prince, se ofreció a la aclamada artista Stevie Nicks, aunque esta terminó rechazándola. “Fue tan abrumador”, recordó más tarde la integrante de Fleetwood Mac. “Lo escuché y me asusté. Le devolví la llamada y le dije: ‘No puedo hacerlo. Ojalá pudiera. Es demasiado para mí.’ Estoy tan contenta de no haberlo hecho, porque él la escribió y se convirtió en Purple Rain“.
Durante un ensayo con The Revolution, Prince le pidió a su banda que probara una nueva canción: “Quiero probar algo antes de irnos a casa. Es suave”, dijo. Según Lisa Coleman, miembro de la banda, Prince cambió totalmente el sentido de la canción: “Estaba emocionado de escucharla con una voz diferente. Entonces todos empezamos a tocar un poco más duro y a tomarlo más en serio. La tocamos durante seis horas seguidas y al final de ese día lo teníamos escrito y arreglado“.
El golpe definitivo de Purple Rain en el mundo y en Strangers Things
El disco fue número uno durante 24 semanas. Vendió millones. Ganó un Oscar. La película, contra todo pronóstico, fue un éxito. Prince pasó de genio excéntrico a símbolo cultural, rompiendo barreras raciales en MTV, redefiniendo la masculinidad en el rock y demostrando que un artista negro podía ser tan guitarrista, tan provocador y tan masivo como cualquiera.
En la escena final de la batalla, Eleven, que reaparece por sorpresa en el interior del Mundo del Revés, dispuesta a desaparecer con él en el momento de la explosión. Mike intenta ir tras ella, que se mete en su mente a distancia para despedirse de él en otra de las secuencias lacrimógenas de la entrega: “Esto no acabará nunca si yo sigo aquí”, trata de explicarle. “Tienes que hablar con los demás. Dales las gracias de mi parte, por ser tan generosos y enseñarme lo que son los amigos. Mike, tienes que ayudarlos a entender mi decisión”, le pide a su novio, que afirma no entenderla.
“Pero lo harás, algún día me entenderás, mejor que nadie. Desde siempre, desde el día que nos conocimos”, responde la joven mientras se proyectan los flashbacks de todo su pasado juntos a ritmo del Purple Rain de Prince. “Siempre estaré contigo. Te quiero”, sentencia Eleven antes de fundirse en un apasionado beso final. Con Mike de vuelta en sí mismo, la cuenta atrás llega a su fin, con todo reventando y el Mundo del Revés y Eleven desapareciendo ante los ojos de todos. Épico!
Pero el verdadero triunfo fue otro: Purple Rain convirtió a Prince en una entidad irrepetible. No había comparación posible.
El legado
Hoy, Purple Rain no envejece: se agranda. Sigue siendo referencia estética, emocional y política. Un disco sobre el dolor, el deseo, el poder y la redención, hecho por alguien que entendió que el escenario era un campo de batalla y el arte, una forma de supervivencia.
Cuando Prince murió en 2016 y los edificios del mundo se tiñeron de púrpura, quedó claro algo:
Purple Rain ya no pertenece a los 80. Pertenece a la eternidad.
Escuchá la mejor versión de Purple Rain en vivo en Syracuse, 30 de marzo 1985

