Las investigadoras Paula Segovia y Andrea Pamela Flores, licenciadas en ecología revela un dato impresionante sobre el Gran Buenos Aires. En un territorio donde conviven 10.849.398 personas, la escena diaria está ocupada por el asfalto, debido a una gran falencia de espacios verdes. Los vecinos del conurbano, más del 80 por ciento, no viven en una distancia caminable de plazas, aunque el mapa satelital muestre que hay 1.180 espacios verdes en la región.
La enorme mayoría de la gente quedó afuera de su área de influencia peatonal debido al diseño de los barrios y a las barreras urbanas, esos espacios públicos que comúnmente se utilizan para desconectar, encontrarse con amigos, hacer actividad física y se mitiga el calor, en el conurbano son un bien de lujo.
A partir de este análisis se encontró que solo el 33,9% de la población de los 24 partidos vive cerca de al menos un espacio verde. Dicho de otro modo, más de dos tercios de los habitantes no tienen ningún espacio verde a una distancia adecuada.
Para clasificar estos espacios se utilizó su superficie como criterio: las plazoletas tienen entre 1.000 y 7.500m², las plazas entre 7.500 y 35.000m², los parques locales entre 35.000 y 100.000m², y los parques regionales superan las 10 hectáreas. Esta distinción importa porque, según la legislación provincial (Decreto Ley 8.912/77), cada tipo tiene un estándar mínimo de disponibilidad por habitante y un área de influencia diferente.
El ranking de los municipios
En ese mapa de la escasez de vegetación, las autoras indagaron sobre la situación en cada una de las 24 localidades que componen el Gran Buenos Aires y en el relevamiento del total de espacios verdes públicos sostienen que la gran mayoría son plazas, mientras que solo 34 corresponden a parques -15 regionales y 19 locales- que concentran casi la mitad de la superficie total relevada.
Entre los municipios estudiados, los extremos son brutales, mientras Berazategui es el único que alcanza el mínimo -por el gran parque Pereyra Iraola- no cubre los estándares de plazas y plazoletas. En el fondo de la tabla, José C. Paz y La Matanza son los que en peores se encuentran, disputándose el podio de los distritos menos verde de la provincia de Buenos Aires.

En la ley de Ordenamiento Territorial y uso del suelo, se encuentra el Decreto Ley N° 8.912/77 de la Provincia de Buenos Aires, que establece que cada desarrollo urbano debe garantizar un mínimo de 10 metros cuadrados por habitante de espacio verde. En tanto, en una escala barrial, plazas y plazoletas 3.5 metros cuadrado por habitante pensados por la cercanía cotidiana y el encuentro vecinal. Los parques – en una escala urbana- deben garantizar 2.5 metros cuadrados por habitante, espacios más grandes para el uso de todo el municipio.
El “Efecto Barrera”: tan cerca pero tan lejos
Tener un punto verde en el mapa satelital no significa poder usarlo. El relevamiento cruzó los datos de población con la red de calles caminables, excluyendo las trampas urbanas (vías de tren, autopistas, arroyos). El resultado es tajante, solo el 33,9 por ciento de la población del Gran Buenos Aires vive a una distancia caminable de un espacio verde, el resto, más de los vecinos vive desconectado de la naturaleza urbana.
¿A cuánta distancia viven los municipios del conurbano de un respiro verde?
Plazas y plazoletas (a menos de 300 metros) ──► 18,2% de la población
Parques locales (a menos de 750 metros) ──► 1,6% de la población
El acceso simultáneo a una plazoleta cercana (300 metros), un parque local (750 metros) y un parque regional (4 kilómetros) es casi un mito urbano, afecta a menos del 0,2 por ciento de los habitantes. En ese desierto, Hurlingham es la rara excepción, el 5,8 por ciento de sus vecinos goza de este triple acceso gracias a la concentración de espacios en William Morris.
Sin embargo, el mismo partido muestra la otra cara de la moneda con el Parque San Francisco. El predio está ahí, pero quedó atrapado entre la Autopista del Buen Ayre y el Río Reconquista. Al tener un único acceso peatonal que muchas veces está cerrado, el parque se vuelve un fantasma inalcanzable para quienes viven a solo unas cuadras de distancia.
Diseñar el futuro con los pies en la tierra
La crónica del conurbano actual muestra que los espacios verdes no son un adorno estético, son una necesidad sanitaria y social urgente en tiempos de crisis climática. La conclusión del análisis coincide con el sentido común de los vecinos, no alcanza con inaugurar plazas donde quede cómodo o donde sobre un terreno fiscal residual.
Si la estrategia para mejorar la calidad de vida no contempla dónde vive la gente, cuántas vías de tren tienen que cruzar o cuántas autopistas les cortan el paso, el derecho a “pisar el pasto” seguirá requiriendo tomarse un colectivo.

