No sólo nos une el idioma. La mayoría de los países de América latina atraviesan estos días de diciembre por el mismo problema. La organización de fiestas privadas, prohibidas por leyes, o normativas u ordenanzas, pero llevadas adelante igual por jóvenes bajo el atrapante titulo de Fiestas Clandestinas o “Clandes“.
Pueden darse en Argentina, México, Colombia, República Dominicana, Chile, hasta en Venezuela o en América toda como se descubre sólo con leer los posteos de Twitter.
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Los países tienen prohibiciones para este tipo de eventos por la cantidad de personas que convocan y la falta evidente a cualquier tipo de norma de distanciamiento vigente en toda la región.
Se buscan en redes bajo códigos que sólo los jóvenes conocen para descubrir coordenadas de horario, lugares y requisitos de invitación o pago por asistir.
Después de muchos meses de confinamientos y ante el arribo de las altas temperaturas estas reuniones comenzaron a multiplicarse y a pesar de que los gobiernos de todos los estamentos hacen operativos para neutralizar las “clandes”, los jóvenes se las rebuscan para que muchas de ellas (probablemente la mayoría) puedan desarrollarse sin inconvenientes.
Algunas reuniones sin ser 100% clandestinas se organizan con otro rótulo para ser autorizadas y luego el desenfreno se apodera de ellas, los protocolos prometidos no se respetan, y lo que iba a ser una reducida reunión social termina convirtiéndose en una fiesta igual a las “clandes”, e idéntica a lo que eran previo a la Pandemia.
La del Sheraton de Pilar no fue una de las fiestas “clandes” pero terminó siendo un descontrol
El Sheraton de Pilar fue uno de los lugares que durante estos días de las Fiestas de Navidad organizó un evento que, como muestran las imágenes, terminó en un absoluto descontrol sanitario con amontonamiento de personas sin el más mínimo respeto de las normas de distanciamiento y uso de tapabocas.
Solo basta una búsqueda en redes sociales para notar como en cada uno de los países de América latina se replican estas modas y hasta ya es un “deporte” para los jóvenes descubrir en donde, a que hora, y que requisitos se necesitan para ingresar a las “Clandes” de tal o cual lugar, por supuesto con la adrenalina que a determinada edad provoca saber que se transita por la cornisa de lo prohibido, y sin la menor empatia por preocuparse de sus mayores a quienes saludarán nuevamente durante la próxima fiesta de año nuevo.
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