En las calles de La Plata, el asfalto no es igual para todos. Lo que para un trabajador que estaciona cinco minutos para descargar mercadería es una probable multa asegurada y el acarreo de la grúa, para los “papis y mamis” de los colegios de élite es un derecho adquirido.
Las redes sociales también estallan cada vez que se viraliza algún video que muestra cómo, en pleno horario escolar, el centro se convierte en un estacionamiento privado a cielo abierto. Es el caso de un clip posteado por la cuenta de Instagram “@enescena.laplata“.
Es que no parece tratarse únicamente de falta de espacio, sino de una construcción sociológica del privilegio. Los posteos al respecto dejan al desnudo una realidad atávica: el platense de clase media-alta considera que su tiempo vale más que el del resto. “Quieren entrar con el auto al aula”, ironizaba un vecino harto de quedar encerrado en su propio garage.

Esta conducta permite apreciar un desprecio por lo público, donde la comodidad individual anula el derecho colectivo a la circulación.
JUSTICIA PARA POCOS
El foco de la bronca vecinal apuntó esta vez directamente a la calle 59 entre 3 y 4, y también a las inmediaciones del Colegio San José o el Sagrado Corazón. Pero podría ser Lincoln, Nea o muchos otros.
Allí, la ley de la selva tiene el aval implícito de un control municipal que, según denuncian, brilla por su ausencia. El análisis es “picante” pero certero. Los comentarios insinúan que existe una “hermandad de clase” entre quienes infringen la norma y quienes deberían sancionarlos.

Muchos perciben que los inspectores, o sus jefes políticos, pertenecen al mismo círculo social, compartiendo clubes, barrios cerrados y colegios. ¿Por qué no hay “mano dura”?
La respuesta que se sospecha es política. Aplicar la ley a rajatabla en estas zonas implicaría confrontar con su propios pares: jueces, fiscales, políticos, funcionarios de alto rango, empresarios o importantes comerciantes, es decir con su propio espejo social.
Es más fácil cazar al ciudadano común en una diagonal perdida que desarticular el bloqueo logístico que los SUV de última gama imponen en el microcentro. “La doble fila no es un problema de ingeniería vial, es una declaración de estatus: mi hijo no camina, y tu tiempo no me importa.”
DERECHO AL CAOS
El argumento de los infractores es siempre el mismo: “no hay lugar”, “son solo 10 minutos”, “las cocheras son caras”. Sin embargo, el video muestra que a pocas cuadras muchas veces la disponibilidad existe.
El problema es la “alergia al esfuerzo físico” del sector más acomodado, que prefiere obstruir una ambulancia o el paso de un micro antes que caminar cien metros.

Mientras el municipio siga “tomando mate” (como dicen los vecinos), la ciudad seguirá dividida entre quienes cumplen la ley y quienes la usan de alfombra.

