Desde que existe la posibilidad de unir un número telefónico a un nombre en la agenda de nuestros teléfonos, y especialmente desde que se inventó WhatsApp, todo el mundo al momento de guardar a una persona que no conoce más que por su oficio o profesión suele ponerle el nombre seguido de esa tarea por la cual lo conoció, lo contactó y hasta quizás lo contrató.
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Asi aparecieron los “Anibal Plomero”, “Carla Turismo”, “Miguel Carpintero”, “Rosalía Pedicura”, o “Juan Carlos Gasista”.
Casi todos, al menos en Argentina, tienen algún contacto en su agenda telefónica y de WhatsApp con esta práctica y útil regla “mnemotécnica” de adosar la tarea que realiza, por lo general, a su nombre de pila.
Un usuario de Twitter se preguntó si acaso no fue la misma lógica de la agenda actual, la que se aplicó en tiempos ancestrales cuando nacieron los apellidos… Y la respuesta unánime de quienes lo leyeron fue el “Y, si….” más potente de los últimos tiempos.
Es que el mundo puede haber cambiado en siglos, la tecnología avanzado infinitamente, la modernidad haber copado y acaparado nuestro día a día, pero el ser humano tiende a simplificar y relacionar los temas del mismo modo que otrora, porque el cerebro tiene un sistema de funcionamiento que es inherente a como está diseñado, y por eso… esta “casualidad” no lo es tanto.
DE CHINA, A LA EDAD MEDIA A NUESTRA AGENDA DE WHATSAPP
Según se cree la costumbre de llevar apellido surgió en China hacia el año 2850 antes de Cristo.
En Europa, habría que esperar casi 4000 años más porque los primeros apellidos recién aparecen en la Edad Media.
Y esto fue cuando a la burguesía le fue permitido el tener acceso a bienes inmuebles.
Fue de este modo como se volvió imprescindible tener que definir y nomenclar con mayor precisión a qué familia pertenecía cada cosa.
Hasta ese entonces únicamente los miembros de la nobleza eran quienes portaban apellido, y siempre remitía al nombre de la casa real de la cual formaban parte. Por ejemplo Tudor, Alba o Borbón.
El resto de los mortales miembros “plebeyos” del pueblo, solo eran definidos por un nombre como María, Juan, Charles o Ibrahím, de acuerdo a la zona de Europa, Asia o África en la que vivieran.
Por lo visto con ese único dato alcanzaba para ser identificados.
El criterio con el que se produjo el “reparto” de apellidos fue extremadamente básico y pragmático y se rigió por las mismas razones que este usuario de Twitter encontró como paradigma de la colocación en agenda de nuestros contactos actuales.
Así, en la mayoría de los países para diferenciar e identificar a las personas se aplicó la lógica de “el hijo de”, o se les dio apellido de acuerdo a su profesión.
Otros lo tomaron de acuerdo al lugar donde vivían o donde habían nacido, y unos cuantos también obtuvieron su apellido por una característica física, un atributo, y hasta un defecto físico o de personalidad.
Asi fue como nacieron los Delgado, Alegre, Blanco, Seisdedos u Oreja.
Pero también surgieron apellidos relacionados a oficios y profesiones como ahora en el WhatsApp y su agenda.
Porque hasta nuestros días perduran los Herrero, Molinero, Campos, Carpintero, Guerrero y Maestro.
Así es como por más básica y prehistórica que nos pueda parecer esta idea de anotar en la agenda del WhatsApp un nombre en la actualidad, es llamativo como coinciden con el patrón en el cual se basaron nuestros predecesores a la hora de buscar nominar a las personas y de ordenar a los seres humanos en familias para dejar a sus descendientes lo poco o mucho que hubieran acumulado en sus vidas.
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