Los barrios populares de la ciudad de Santa Fe y Rosario tuvieron evoluciones diferentes durante los últimos nueve años. Según un relevamiento de la Fundación Tejido Urbano, la superficie ocupada por estos barrios creció un 15% en el aglomerado santafesino entre 2016 y 2025, mientras que en Rosario el incremento fue del 6,7%.
Los datos forman parte del informe Radiografía de la expansión de los barrios populares en las principales ciudades argentinas 2016-2025, publicado en octubre de 2026. El estudio analizó imágenes satelitales para identificar los cambios en los límites territoriales de estos barrios y compararlos con la evolución urbana de las principales ciudades del país.
En diálogo con Infocielo Santa Fe, Julián Álvarez Insúa, geógrafo, economista urbano e investigador de la Fundación Tejido Urbano, explicó que comprender estas diferencias es fundamental para planificar las políticas habitacionales y las obras de infraestructura.
“El primer dato que surge es que estos barrios tienen una dinámica propia”, sostuvo el especialista, al referirse a la necesidad de considerar que los barrios populares cambian con el tiempo y requieren respuestas adaptadas a su evolución.

Santa Fe: crecen los barrios populares, pero la ciudad se expande poco
En el aglomerado de Santa Fe, la superficie ocupada por los barrios populares aumentó un 15% entre 2016 y 2025, a un ritmo promedio del 1,7% anual. Sin embargo, el crecimiento de estos barrios no se tradujo en una expansión equivalente de la mancha urbana general.
Un informe anterior de Tejido Urbano determinó que Santa Fe fue el aglomerado de las principales ciudades argentinas que menos expandió su superficie urbanizada entre 2018 y 2024: incorporó apenas 2,1 kilómetros cuadrados, a un ritmo del 0,30% anual. En ese mismo período, la población creció a una tasa estimada del 0,64% anual, lo que produjo un aumento de la densidad urbana. (Fundación Tejido Urbano)
La explicación está vinculada con distintas formas de crecimiento. En algunos sectores se incrementó la cantidad de construcciones dentro de áreas ya urbanizadas, mientras que la expansión hacia nuevas zonas fue relativamente limitada.
El relevamiento también identificó diferencias dentro del aglomerado, que comprende a Santa Fe capital y localidades cercanas como Santo Tomé, Recreo, Sauce Viejo, San José del Rincón y Arroyo Leyes.
Para Álvarez Insúa, las políticas de ordenamiento territorial y la coordinación entre los gobiernos locales son herramientas importantes para orientar ese proceso. En la entrevista, destacó que los acuerdos metropolitanos pueden ayudar a establecer criterios comunes, contener la expansión y aprovechar mejor el suelo disponible.

Rosario: una expansión menor que el promedio nacional
Rosario presentó un crecimiento territorial del 6,7% en sus barrios populares entre 2016 y 2025, un porcentaje inferior al registrado en Santa Fe y también al incremento promedio nacional, que fue del 18,2%.
Para el investigador, la ciudad tiene una larga trayectoria de planificación urbana, aunque uno de los desafíos consiste en trasladar esos estudios a la gestión de los distintos municipios que conforman el área metropolitana.
“En Rosario tienen mucha escuela y mucha historia de planificación. Quizás la diferencia es que el estudio de planificación no ha impactado tan rápido en la gestión de los diferentes municipios que componen el área metropolitana”, sostuvo.

“Es una ciudad bastante más grande y con presiones sociales de otra magnitud”, señaló Álvarez Insúa al analizar las particularidades de Rosario.
El especialista también advirtió que el crecimiento urbano no necesariamente implica que una ciudad se extienda sobre nuevas superficies. En algunos barrios rosarinos, especialmente en sectores del sur, hubo expansión territorial, mientras que en otros predominó la densificación.
“En los barrios del sur de Rosario hubo algo de expansión, pero el resto de los barrios no tuvieron mucha expansión y tuvieron procesos de densificación”, explicó.
Este fenómeno consiste en un aumento de las construcciones o de la población dentro de un espacio previamente ocupado. Por eso, para conocer la evolución de los barrios populares es necesario observar tanto sus límites como los cambios que se producen en su interior.

En términos de la mancha urbana general, otro relevamiento de Tejido Urbano ubicó a Rosario entre los aglomerados con menor expansión entre 2018 y 2025: su superficie urbanizada aumentó un 5,6% durante esos siete años. Santa Fe tuvo una variación todavía menor, del 2,6%. (Fundación Tejido Urbano)
Agua, cloacas y regularización de la tierra: los problemas que persisten
Más allá de las diferencias entre Rosario y Santa Fe, las principales dificultades de los barrios populares están vinculadas con el acceso a la infraestructura básica, los servicios y la seguridad en la tenencia de la tierra.
Durante la entrevista, Álvarez Insúa identificó la falta de agua potable y cloacas como dos de los problemas centrales. También mencionó los riesgos ambientales asociados a la cercanía de basurales y la falta de seguridad jurídica sobre los terrenos.
“En general, los barrios populares tienen problemas de infraestructura básica, especialmente por la falta de agua potable y cloacas. En algunos casos, tampoco tienen acceso formal a determinados servicios, lo que genera dificultades que afectan la salud y la educación”, explicó en diálogo con Infocielo Santa Fe.
Estas condiciones pueden afectar la salud, las oportunidades educativas y la calidad de vida de las familias, además de dificultar la consolidación de los barrios.
El investigador remarcó la importancia de los procesos de integración sociourbana y de regularización de la tenencia, junto con las inversiones en infraestructura.
También sostuvo que las intervenciones pueden generar resultados más duraderos cuando las familias consiguen mayor seguridad respecto de sus viviendas y se consolidan las mejoras en el entorno.

La planificación urbana, un desafío para ambas ciudades
El informe de Tejido Urbano aporta información para comprender cómo evolucionaron los barrios populares en Rosario y Santa Fe, pero también plantea la necesidad de diferenciar los procesos de expansión territorial de los cambios que se producen dentro de los barrios ya existentes.
En Santa Fe, el desafío pasa por sostener un crecimiento urbano relativamente contenido, con mayor densidad en sectores consolidados y coordinación entre los municipios del área metropolitana. En Rosario, la planificación debe contemplar las particularidades de una ciudad más extensa y las diferencias entre los barrios que se expanden y aquellos que crecen mediante la densificación.
“Para hacer proyectos urbanos y de infraestructura es importante considerarlos como barrios que tienen su propia dinámica y que van a cambiar con el tiempo”, planteó Álvarez Insúa.
Los datos muestran que las dos ciudades santafesinas presentan ritmos diferentes, pero comparten la necesidad de orientar el crecimiento urbano, mejorar las condiciones habitacionales y desarrollar políticas públicas basadas en información territorial actualizada.


