La embestida pública de Javier Milei contra Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint y uno de los empresarios más poderosos de la Argentina, sorprendió incluso dentro del propio Gobierno. Los insultos, las acusaciones de conspiración y el tono confrontativo marcaron un quiebre en una relación que, hasta hace poco, parecía pragmática.
Aunque el Presidente presentó el conflicto como una defensa de la libre competencia, la secuencia de hechos muestra algo más complejo: una disputa política e ideológica con el círculo rojo, en la que Milei decidió personalizar el mensaje y usar a Rocca como símbolo de la “Argentina prebendaria” que promete combatir.
La licitación que desató la pelea
El detonante fue la licitación privada para la provisión de caños de acero destinados a un gasoducto clave para transportar gas de Vaca Muerta hasta el Golfo San Matías, en Río Negro. La obra forma parte del proyecto Southern Energy, un consorcio integrado por YPF, Pan American Energy, Pampa Energía, Harbour Energy y la noruega Golar LNG.
Contra todos los antecedentes del sector, Techint perdió la compulsa frente a la empresa india Welspun, que presentó una oferta cerca de un 40% más barata, utilizando chapa importada desde China. Desde el holding de Rocca advirtieron sobre el impacto en el empleo industrial y dejaron trascender la posibilidad de una denuncia por dumping.
Para Milei, lejos de ser un problema, el resultado fue celebrado como una victoria política.
Un “caso testigo” para el nuevo modelo
En la Casa Rosada consideran que esta licitación es el leading case del modelo económico que impulsa el Gobierno: apertura comercial, competencia internacional sin protección estatal y ruptura con décadas de política industrial.
Funcionarios de primera línea repiten que “ganó la opción más barata” y que el Estado no debe intervenir para sostener empresas locales si no son competitivas. El propio Presidente fue más allá y convirtió el episodio en una batalla cultural, apuntando contra lo que denomina “empresaurios” y acusando a sectores industriales de vivir de privilegios.
El problema es que la licitación no fue solo un debate técnico: Milei eligió personalizar el conflicto y señalar directamente a Rocca.
Por qué Milei eligió a Rocca
En el entorno presidencial aseguran que Milei ve en Paolo Rocca algo más que a un empresario afectado por una decisión de mercado. Lo considera un emblema del establishment que desconfiaba de su proyecto desde antes de asumir y que, según esa mirada, intentó condicionarlo en momentos de tensión económica y cambiaria.
Esa desconfianza explica el giro abrupto: Milei pasó de aceptar aportes de campaña del Grupo Techint y sumar cuadros técnicos formados en la empresa a acusar públicamente a su CEO de querer desestabilizar al Gobierno.
Dentro del Gabinete, el ataque generó incomodidad. Varios funcionarios se enteraron por los medios del nivel de animosidad del Presidente y optaron por el silencio, conscientes del peso económico y político del grupo industrial.
El costo social, una variable asumida
Uno de los aspectos más sensibles del conflicto es que el Gobierno no oculta que la apertura puede implicar pérdida de empleo industrial. Cerca de Milei hablan de un proceso “schumpeteriano”, en el que algunas empresas desaparecerán y otras surgirán, como parte de una transición inevitable.
La advertencia de Techint sobre la posible paralización de su planta en Valentín Alsina fue interpretada en la Casa Rosada como una extorsión. Desde el oficialismo sostienen que no cederán ante presiones y que el mercado debe “ordenarse solo”, incluso si eso implica tensiones sociales y regionales.
Mucho más que una licitación
La pelea con Rocca expuso algo más profundo: la relación rota entre Milei y el círculo rojo. Una desconfianza que viene desde la campaña presidencial, se profundizó con el ajuste económico y ahora se traduce en confrontación abierta.
Aunque Techint seguirá siendo un actor clave en Vaca Muerta a través de Tecpetrol y probablemente vuelva a competir en futuras obras, el mensaje presidencial fue contundente: el Gobierno no piensa moderar su rumbo para preservar equilibrios con el poder económico.
La licitación fue el disparador. El ataque a Rocca, la señal política. Y el conflicto con los grandes empresarios, un frente que Milei decidió abrir sin medias tintas.


