El discurso oficial del Gobierno de Javier Milei, en torno a la supuesta llegada de la “luz al final del túnel” choca de frente con la realidad técnica. Entre excusas estacionales, un frente externo prendido fuego y la sombra de los errores del pasado, la confianza en el plan económico se erosiona. El economista, docente e investigador Mariano Kestelboim desnudó las falencias de un modelo que hoy sobrevive a base de manotazos de ahogado.
La narrativa de Javier Milei sobre la inflación parece haber entrado en un bucle de justificaciones que ya no convencen ni a los propios. Lo que ayer era una victoria cultural, hoy es una cuestión estacional. En diálogo con Albino Aguirre y Nuria González Rouco, por La Cielo, Kestelboim fue tajante: “Me parece que en materia inflacionaria lo que diga el presidente ya perdió credibilidad”.
El analista, quien actualmente se desempeña como consultor de empresas y cámaras industriales, recordó que el Ejecutivo pasó de prometer soluciones en 18 meses a estirar los plazos a dos años y medio, mientras utiliza excusas como el “efecto Kuka” o “cuestiones estacionales”. Sobre esto, el experto fue lapidario: “No lo tomaría en serio lo que dice; vimos muchas veces que dijo cosas que después no hizo”.
Para el especialista, el índice oficial no refleja en toda su dimensión la pérdida real del poder adquisitivo. “Habíamos llegado a mayo con 1,5% y después de ahí hubo 8 meses consecutivos de aumentos”, explicó, señalando que el fenómeno no es puramente monetario. Kestelboim advirtió que la incertidumbre por el conflicto bélico en Irán llevó el petróleo a picos de 110 dólares, algo que impactará de lleno en los surtidores locales.
“No creo que sea menos de un 30% lo que trasladen del aumento total”, sentenció, agregando que el Gobierno seguramente entrará en una negociación con las energéticas para que el golpe “no afecte tanto políticamente la posición del gobierno”.
El escenario macroeconómico que describe el consultor es mucho más oscuro de lo que el oficialismo admite. Argentina gasta más dólares de los que entran y la cuenta corriente está en un desequilibrio peligroso. En julio, el país debe enfrentar pagos por 4.200 millones de dólares y el margen de maniobra es nulo. “Ya no hay nuevas alternativas de financiamiento tras acudir al FMI y a Estados Unidos”, disparó Kestelboim, desmintiendo el relato de una supuesta abundancia de divisas: “A pesar del discurso oficial de que hay una avalancha de dólares, la realidad es que el país está desequilibrado”.
Ante este cuello de botella, el Gobierno busca desesperadamente captar los ahorros “del colchón” de los argentinos. Kestelboim fue especialmente crítico con el rol de Luis Caputo en esta estrategia. “El ministro de Economía Caputo es el mismo que en 2017 fue el responsable de la mayor toma de deuda de la historia de la economía argentina”, recordó el investigador, señalando que es la misma persona que generó el descalabro de 2018-2019 que todavía estamos pagando.
Para el consultor industrial, pedirle a la sociedad que confíe sus ahorros al sistema bajo esta gestión es un acto de cinismo histórico. “Es algo macabro lo que está haciendo el ministro; es el mismo que está pidiendo ahora que vuelvas a poner el dinero en el sistema cuando algunos ahorristas perdieron sus ahorros en 2001-2002 con el corralito”, sentenció.

