Al recorrer los amplios pasillos del Palacio Municipal de la ciudad de La Plata, especialmente los que están sobre la calle 53, se percibe un ambiente lúgubre con cierta tendencia a la nostalgia. Es el sector donde ocupan los despachos las máximas autoridades locales.
El despacho de Julio Alak ya no está sobrecargado de cuadros, estandartes, recuerdos y otros adornos con que cubría su antecesor las paredes y los muebles. Está inmaculado. Tampoco huele a tabaco y perfuminas.
Se advierte que su ocupante actual está ocupado por mantener esas formalidades.
Pero también el ritmo que mantienen los funcionarios que residen en la nueva gestión tienen otra característica. Varios visitantes que en estas semanas estuvieron con el intendente platense o sus colaboradores más influyentes tienen dificultades para definir ese andar de la gestión.
“Anquilosada. Con paso demasiado lento. Casi como anestesiada”, se animó a describir un empresario que está acostumbrado a tramitar en persona los papeles que necesita para avanzar con sus variados emprendimientos.
Barrenderos se buscan
Esa falta de timing se pudo apreciar con claridad en una variable tan básica para el manejo comunal de La Plata como es la recolección de las hojas que indefectiblemente caen todos los años de los más de 1.500 árboles que pueblan el centro de la capital provincial.
Hubo que recorrer exactamente la mitad del otoño para que el gobierno municipal pueda contratar a los 350 barrenderos que le faltó a las calles platenses hasta hace menos de una semana.
En medio de uno de los temporales más severos, con la amenaza climática del imprevisible “Niño” y con el antecedente trágico que perfora el imaginario del vecino desde hace más de una década, La Plata recorrió media estación otoñal dejando que se acumulen más de 40 toneladas de hojas en sus veredas y cordones.
Sólo para mantener liberadas las calles y avenidas del casco urbano se necesitan más de 500 operarios equipados, adiestrados y remunerados. Pero hasta hace cuatro días, sólo estaban los 150 que pertenecen a la empresa de recolección de residuos que tiene la concesión y –por contrato- la obligación de levantar la hojarasca de un sector que va de 1 a 12 y de 44 a 66. El resto, de los frentistas quedó a merced de la suerte.
Chau Defensa Civil
Porque, además, la ciudad decidió desmantelar el área de Defensa Civil, que en el plano local se ocupaba de pronta respuesta y trabajaba en paralelo con sus colegas de la Provincia. Administrativamente pasó de la secretaría de Gobierno a la de Control Urbano que maneja Víctor Hortel, alias “el invisible”. Aunque ocupa el lugar estratégico que se encarga de resolver los más variados conflictos en el espacio público (desde los manteros a los “trapitos; desde la caída de una rama, al operativo de corte de calles por un evento), por ahora no se conoce públicamente su rostro, ni su voz.
En la ex Defensa Civil había unos 80 agentes contratados, de los cuales 65 cumplían horario regular. Después de la “motosierra” que aplicó Alak en el plantel de trabajadores, quedaron 20: 10 administrativos y 10 de calle. La logística que sabía tener 4 pick ups doble tracción, dos Rangers, una Máster, ahora sólo presenta un vehículo.
Algunos de los que se reubicaron de DC pasaron al área de patrullaje con las camionetas “azules” que recorren la ciudad. “No tienen chalecos, armas y tampoco instrucción. Encima van con la luz azul como si fueran policías. Es un riesgo enorme” se quejó un delegado del gremio municipal, que por ahora tampoco tuvo demasiada intervención.
Porque el salario sería casi de supervivencia: régimen de 40 horas, por 190 mil pesos. Y de 30 por 120 mil, peso más peso menos.
“Alak cree que aún estamos en los 90”, reconoce uno de los actores que merodean la administración provincial. Descree de los nuevos paradigmas de la comunicación (de hecho, revisa los comunicados porque “yo trabajé en El Día y Telam”, aduce). Y define sus acciones con los íntimos de la “vieja guardia” que encabeza el jefe de Gabinete, el veterano Carlos Bonicato.
“Todavía cree que se puede gobernar con la Cámara de Comercio y llamando a diagonal 80”, se quejan desde las oficinas que cedió a sectores variados de Unión por la Patria, pero que no son alakistas puros.
Tiene también dificultades para definir su alineamiento en la feroz interna del peronismo provincial donde pugnan Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa. Pero ese podría ser motivo de otro comentario.


