Gilberto Alegre, intendente de General Villegas y exfuncionario de Antonio Cafiero, mantiene desde hace años un vínculo estrecho con Miguel Ángel Pichetto, exsenador y ex candidato a vicepresidente de Mauricio Macri. Alegre fue su referente en la Cuarta Sección bonaerense y ha compartido con él reuniones, actos y proyectos políticos. Hoy, mientras forma parte del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) armado del gobernador Axel Kicillof, se encuentra en una posición delicada: su lealtad histórica a Pichetto convive con su firme postura crítica hacia Cristina Kirchner, marcando un contraste evidente con la reciente decisión de su aliado de retomar diálogo directo con la e mandataria.
Y es que mientras Alegre se acercaba al MDF, mantenía un perfil crítico frente al kirchnerismo, llegando a definir a CFK como “delincuente condenada por delitos comunes” y al kirchnerismo como “socialismo del siglo XXI”, Pichetto, su histórico aliado, decidió retomar el diálogo con la ex mandataria tras más de una década sin contacto directo. En su reunión con Cristina, Pichetto le propuso construir un frente nacional “capitalista y productivo” para enfrentar a Javier Milei, evitando purgas y apelando a la moderación, lo que marca un giro estratégico que contrasta con la frontalidad de Alegre.

El intendente de Villegas no sólo cuestionó a Cristina, sino que también se distanció de sus políticas locales y de la influencia de La Cámpora dentro del peronismo provincial. “Para mí, Cristina Fernández es una delincuente condenada por delitos comunes”, supo declarar Alegre, reforzando un límite ideológico que marca una tensión clara dentro del espacio del gobernador Kicillof, quien nunca osó criticar a la ex presidenta. El contraste no es menor: mientras Alegre dispara, Pichetto negocia y busca acuerdos de largo aliento, incluso con la propia figura que Alegre denigra públicamente.
El historial político de Alegre muestra que su relación con Pichetto fue clave en la consolidación de su armado: desde reuniones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hasta la presentación de su libro “Gobernar bien es posible”, donde Pichetto lo respaldó como referente de “un peronismo republicano y democrático” y elogió su gestión municipal, destacando su orden fiscal y vocación de servicio. Sin embargo, ese respaldo histórico ahora se tensiona con la estrategia de Pichetto de tender puentes con Cristina, generando un triángulo político que refleja la fragmentación del peronismo: Kicillof al frente del MDF, Alegre crítico y frontal, y Pichetto mediador entre extremos.

En la interna provincial, Alegre apoyó a la concejala Sofía Mackay dentro del MDF y dejó en claro que su prioridad es mantener un perfil crítico frente al kirchnerismo. Mientras tanto, Pichetto actúa buscando acuerdos que permitan articular un frente amplio, con un programa económico capitalista y productivo, y rechazando conceptos como “traición” en política. La paradoja es evidente: Alegre y Pichetto, que compartieron años de trabajo político y coinciden en ciertos diagnósticos sobre la Argentina, hoy operan con ritmos distintos frente a la figura de Cristina.
El triángulo se completa con la imposibilidad de Kicillof de pronunciarse públicamente contra la ex presidenta. La tensión que genera Alegre en el MDF refleja no solo las diferencias ideológicas dentro del peronismo, sino también la dificultad de unificar a un espacio fragmentado entre quienes buscan distanciarse del kirchnerismo y quienes, como Pichetto, negocian con él para ampliar el frente político. Entre lealtades, críticas y guiños estratégicos, la política bonaerense muestra, una vez más, su capacidad de sorprender con ironías que parecen demasiado perfectas para ser casuales.

