La selección periodística de temas jamás es azarosa. Nunca queda librada a la casualidad o a los imprevistos tales como accidentes, catástrofes, renuncias, asunciones de funcionarios, o eventos electorales. En la parrilla de noticias están esperando “achuras informativas” como lo hacen jugadores en un banco de suplentes: para “salir a la cancha”. Siempre hay reservas.
Una o muchas cabezas todo el tiempo piensan “la agenda” en las redacciones de diarios, y un poco (si no son vagos de seguir a rajatabla la de los periódicos para no tener que trabajar) en canales de TV.
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Ellos están permanentemente pergeñando de que hablarnos, con que temas darnos “letra” para nuestras conversaciones cotidianas en la cola del super o ahora en la fila para hisoparse. Viven para (y de) escribir esa agenda.
Pero uno de esos temas que desde hace 6 meses repentinamente dejó de serlo, es la medición de las reservas del Banco Central. Sí, ese número mágico que señala cuantos millones nos quedan hasta que “desaparezcamos como nación” y que por un tiempo largo fue tapa o motivo de editoriales de los grandes medios, pero que hoy misteriosamente brilla por su ausencia de tal agenda de temas.
Como ese ítem de reservas hay muchos otros que “nos preocupan” espasmódicamente hasta que por milagro de la naturaleza dejan de ser temas de agenda de portada, título o zócalo: Riesgo País, Inflación, PBI, Crecimiento Económico. Y otros índices varios como Construcción, Venta de Autos comparados con meses y años anteriores.
Cuando estas desapariciones repentinas de temas económicos o políticos se dan sin levantar polvareda es porque a algunos ya no les sirve machacar con esa cantinela. O hasta porque sería contraproducente para la agenda de sus intereses.
De repente aquellos que hasta hace 2 años decían que la desocupación subía porque se habia blanqueado que Argentina está “llena de vagos” que cobran planes que ya ni buscaban empleo, o que había fábricas que no se habían adaptado a los nuevos tiempos, ahora el mismo número los hace rasgarse las vestiduras.
Al que no le preocupaban los pobres y negaba los números del INDEC, o no le creía a la UCA. Ese que justificaba con la meritocracia y argumentaba que el indigente lo era por falta de enjundia emprendedora, de repente está insomne porque en medio de la pandemia más importante de los últimos 100 años los guarismos empeoraron y la pobreza le “revuelve las tripas” y le resulta intolerable.
Esa selectividad al elegir temas de variable económica, social o política para indignarse suele ser abierta o sutilmente propuesta por la agenda que cada día nos ofrecen los medios que ejercen de inductores de la indignación, pero al mismo tiempo son un dique para las noticias alentadoras, no vaya a ser cosa que algún número nos de un poquito de esperanza en el caos que desean instalar, o se regodean si ya se da, 24x7x365.
Volviendo al principio, hay un número que nadie subraya en títulos, copetes, bajadas o resaltados en medios gráficos. No hay Maxi Montenegro ni Antonio Laje ni Willy Kohan ni Tetaces que lo destaquen demasiado, a veces ni siquiera que lo mencionen. Las reservas de dólares de Argentina en lo que va de 2021 crecieron en 2500 millones de dólares.
¿Y como fue eso? ¿Hubo un préstamo nuevo de Venezuela, Cuba, Corea del Sur, Irán, Rusia o China?
No, no para nada.
Fueron recursos genuinos comprados por el BCRA de a poquito, día por día, como es el mecanismo de la vida cuando las cosas van saliendo bien en cualquier área (Fibonacci puro).
Nada es rimbombante, nada es de un día para el otro, la marea sube casi sin notarlo. Como cuando decimos “viste que los días se acortaron (o se alargaron, de acuerdo sea otoño o primavera) y ni nos dimos cuenta”.
Así está pasando con las reservas. Por eso dejó de hablarse de ellas y salió de agenda.
Claro que si alguien osa mencionar este índice relativamente favorable, los economistas mediáticos saltarán a retrucar que fue por el cepo, o por la falta de viajes al exterior en la pandemia, o por el viento de cola de los comodities de los granos que espúreamente engrosaron los montos de esas reservas.
Jamás reconocerán que un paquete de medidas pudo no sólo contener una sangría, sino incrementar el balance con políticas que se aplicaron de un modo sensato y sin grandes anuncios, para tranquilizar los números del dólar paralelo y los bursátiles, y en esa calma que ellos llaman “pax cambiaria” ir comprando de a 50, o 100 millones de dólares diariamente y sin endeudarse.
¿Cuándo nos enteraremos de que esto estaba sucediendo?
El día que la tendencia varíe y el Central tenga, otra vez, que ir al rescate de alguna corrida cambiaria propiciada por algún grupo especulador buscando una nueva devaluación que obligue a la autoridad monetaria a desprenderse de billetes verdes para contener esa maratón especulativa, como la de octubre pasado.
O el día que haya que pagar un monto elevado de la deuda y la culpa de no haber incrementado aún más ese número sea del pagador de turno y no del endeudador serial.
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