Hay noches que no terminan cuando sale el sol. Esa es, según su propia denuncia, la que vivió una cantante y profesora de canto de La Plata en una casa de 146 entre 58 y 59: golpes contra las persianas, un vidrio que estalla, una amenaza de muerte gritada mientras alguien intenta trepar al techo para entrar por donde sea.
La denunciante es Florencia Natalia Logulo. En su presentación judicial (que ya está en manos de la Justicia y deberá ser investigada) sostiene que fue víctima de una escalada de violencia protagonizada por el hombre que le había alquilado la vivienda y que, según trascendió, residía en una construcción propia en el fondo del mismo terreno.

Todo empezó con un aviso en Facebook
Según pudo saberse, el vínculo arrancó como cualquier alquiler: un aviso en Facebook, un acuerdo, la mudanza. Las primeras semanas, sin sobresaltos. Pero el propietario, de acuerdo con la denuncia, empezó a meterse cada vez más en la vida cotidiana de la familia, hasta que las discusiones por la plata del alquiler y los conflictos familiares por la propiedad encendieron la mecha.
Allegados al hombre llegaron a advertirle a la denunciante que no le entregara dinero: aseguraban que tenía problemas de consumo y antecedentes de conductas violentas. La mujer no les hizo caso a tiempo.

La madrugada del espanto
La cosa explotó de madrugada. El hombre irrumpió golpeando las persianas y exigiendo dinero; tuvo que intervenir la Policía. Al otro día, para bajar la tensión, ella le pagó los 600 mil pesos del alquiler. No alcanzó.
Horas después, según su relato, volvió completamente alterado. Rompió con una herramienta metálica la ventana del cuarto donde dormía su hija, trepó al techo e intentó forzar el baño después de destrozar un ventiluz. “Gritaba que era el demonio y que nos iba a matar”, denunció la mujer. Las rejas lo frenaron ahí, pero no se rindió: cortó la luz de la casa y volvió a la carga por el frente.

Logró entrar. Rompió lo que encontró a su paso e intentó arrancarle a su hijo menor de los brazos mientras exigía más plata (50 mil pesos más, gritaba) y amenazaba a toda la familia.
Hubo empujones y tirones de pelo, según la denuncia. El hombre terminó escapando por los techos hasta refugiarse en la casa de un vecino, donde lo encontraron. Lo trasladaron al Hospital San Martín, pero esa misma noche recuperó la libertad.

Ropa interior robada y noches de espionaje
Ahí no terminó, según la denunciante: siguieron las amenazas, siguió el merodeo. Y apareció un capítulo todavía más oscuro. Empezaron a faltar prendas del tendedero (tangas y ropa interior, en su mayoría, de ella y de su hija de 21 años). Con el tiempo, allegados al propio acusado le habrían confirmado que sospechaban que él se las ponía y la espiaba por las ventanas durante la noche.

El miedo la obligó a mudarse de urgencia con su hijo, en medio de una situación económica complicada. Para bancar la mudanza, abrió una colecta solidaria.
En su descargo público en redes, la mujer sumó otro dato que la Justicia deberá evaluar: dice que el hombre atraviesa una enfermedad grave, y que su propia familia pide su internación desde hace años sin conseguirlo.
Todo lo relatado forma parte de la denuncia presentada y deberá ser corroborado por la investigación judicial en curso.

