Pablo Barrio podría haber quedado asociado a otra vida. A los medios, a la radio, a la televisión, a los viajes y a una carrera que durante años lo llevó de un lado a otro. Pero la pandemia cambió los planes, como les ocurrió a tantos. Se quedó sin trabajo, volvió a San Cayetano y, casi sin proponérselo, terminó encontrando en un mostrador de quesos una nueva manera de ganarse la vida.
Cinco años después, aquel pequeño emprendimiento se convirtió en Pueblito Mío, un almacén de campo instalado en Tres Arroyos que hizo de la imaginación su principal ingrediente. Allí conviven quesos tradicionales con otros que, a primera vista, parecen una provocación: frutilla, naranja glaseada, arándanos, café, menta, pistacho, lavanda, cacao, nuez y whisky.
La historia tiene algo de esas vueltas inesperadas que a veces toma la vida. Barrio no llegó al mundo de los quesos desde una fábrica ni desde una familia dedicada a la industria láctea. Llegó después de muchos años vinculados a la comunicación y a la gastronomía, y con una curiosidad que terminó convirtiéndose en su principal herramienta.
En mayo de este año, Pueblito Mío cumplió cinco años. Barrio recordó entonces que todo había comenzado en pandemia, cuando llegó a San Cayetano y abrió allí el primer comercio. Más tarde apareció Tres Arroyos y, con el tiempo, ese local terminó convirtiéndose en la casa central del proyecto.
Volver a empezar
La historia de Barrio tiene bastante más recorrido que el de una persona que un día decidió vender quesos. Nacido en San Cayetano, tuvo una vida ligada a los medios de comunicación y a la gastronomía. Con su programa Guía Gastronómica TV recorrió distintos países y conoció cocinas, productores y sabores.
También pasó por Mar del Plata, donde trabajó en distintos oficios antes de encontrar un camino en los medios. Durante años condujo programas de radio y televisión, animó eventos y construyó una trayectoria que parecía bastante alejada de lo que vendría después.
Pero llegó 2020. Los viajes se frenaron, la actividad audiovisual se detuvo y Barrio quedó sin trabajo. Decidió volver a San Cayetano, también para estar cerca de su familia, y allí apareció una idea sencilla: abrir un comercio de productos regionales.
Los primeros tiempos estuvieron lejos de cualquier imagen de éxito. Según recordó años después, comenzó con pocos productos y hasta con quesos prestados. La curiosidad de los clientes, sin embargo, empezó a hacer crecer el negocio. Y en ese momento apareció algo que terminaría siendo decisivo: la necesidad de hacer algo diferente.
En 2022, Pueblito Mío abrió su local de Tres Arroyos, en 9 de Julio 71. La propuesta inicial combinaba fiambres, vinos, productos regionales y quesos, con una selección que buscaba salir de la oferta habitual.
Cuando el queso dejó de ser solamente queso
Barrio empezó a intervenir los quesos azules. Probó con cacao, nuez y whisky. Después llegaron la lavanda, las cerezas al marrasquino, las avellanas y otras combinaciones.
La idea podía parecer extraña. Y, de hecho, al principio muchos clientes preguntaban por los quesos tradicionales. Pero había una estrategia sencilla para convencer a los más desconfiados: probar.
“Al principio la gente decía no, eso no, querían un queso normal, un queso común”, contó Barrio en una entrevista con Infobrisas. Después les daba un pequeño pedazo para degustar y, muchas veces, ocurría lo contrario: quienes habían rechazado la combinación terminaban preguntando qué era y volvían a buscarla.
Así nació una suerte de laboratorio gastronómico en pleno centro de Tres Arroyos. El catálogo fue creciendo y aparecieron quesos de remolacha, naranja glaseada, arándanos y limón, café, jengibre, menta y distintas variedades intervenidas con bebidas.
Uno de los productos que más llamó la atención fue el queso de frutilla, presentado como una creación inédita. La combinación, que parece salida de una sobremesa experimental, terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de Pueblito Mío y llevó la historia del emprendimiento mucho más allá de Tres Arroyos.
Y el experimento no quedó limitado a los lácteos. También aparecieron salames con pistacho, naranja, limón y pomelo, embutidos con cacao, productos con frutos secos, bombones artesanales y hasta un vermouth propio.
De Tres Arroyos hacia otros lugares
Lo curioso es que el fenómeno no se explica solamente por el producto. Hay algo de relato, de personaje y de una manera particular de mostrar lo que hace.
Las redes sociales fueron fundamentales. Las fotos de los quesos de colores, las combinaciones poco habituales y las historias que Barrio fue contando hicieron que un negocio de una ciudad del interior bonaerense empezara a ser conocido en otros puntos del país.
La repercusión también llegó por otro camino. Artistas que pasaron por Tres Arroyos probaron las picadas de Pueblito Mío y algunos compartieron la experiencia. Entre los nombres mencionados aparecen Los Tipitos, Los Pericos, Los Rancheros, Valeria Lynch y Javier Calamaro. Incluso el emprendimiento fue convocado para preparar productos para camarines y presentaciones.
En diciembre de 2025, la radio LU24 describió al local como un verdadero “laboratorio de sabores” y destacó que algunas de sus variedades habían conseguido atraer compradores desde otras provincias. Entre ellas, el reggianito de 12 meses madurado al whisky, uno de los productos más buscados.
La anécdota más curiosa llegó desde mucho más lejos: Barrio contó que recibió un llamado desde una base militar estadounidense en Oceanía para comprar sus quesos. Pensó que se trataba de una broma, hasta que volvieron a contactarlo por videollamada.
Una historia que todavía se está escribiendo
El crecimiento terminó llevando a Pueblito Mío hacia un terreno que unos años atrás parecía improbable: las franquicias.
Una publicación especializada de febrero de 2025 ya hablaba del proyecto de expansión. Para entonces, el negocio había consolidado su sede en Tres Arroyos y Barrio pensaba en llevar el concepto a otros puntos del país.
En noviembre de ese mismo año “Pueblito Mío” ya contaba con franquicias en Mar del Plata, Rafaela y San Isidro, mientras proyectaba una llegada a Buenos Aires.
La expansión marplatense tiene, además, un pequeño detalle que parece cerrar un círculo. Barrio había vivido y trabajado en Mar del Plata mucho antes de convertirse en “el alquimista de los quesos”. Ahora, años después, su emprendimiento volvió a esa ciudad, pero esta vez convertido en una marca gastronómica.
En Tres Arroyos, mientras tanto, la historia continúa. En mayo pasado, al celebrar los cinco años, Barrio contó que todos los días siguen pensando en nuevos productos y nuevas combinaciones. La premisa permanece intacta: cambiar, probar y evitar que el queso vuelva a ser siempre el mismo.
Quizás allí esté la parte más interesante de esta historia. Pueblito Mío no nació de una oportunidad perfecta, sino de una interrupción. Una actividad que se detuvo, un trabajo que desapareció y una persona que tuvo que empezar de nuevo.
El resultado fue un negocio que convirtió la necesidad en curiosidad y la curiosidad en una marca. Desde una ciudad del interior bonaerense, un hombre acostumbrado a contar historias terminó encontrando una manera bastante particular de contar la suya: con una picada sobre la mesa, un queso azul cubierto de cacao, un poco de whisky y la certeza de que, a veces, para volver a empezar hay que animarse a probar algo que todavía nadie probó.

