El 16 de septiembre de 2025, Riley B. King (el mundo lo conoció simplemente como B.B. King) habría cumplido 100 años. Y aunque ya no esté físicamente, su música sigue viva, vibrando en cada cuerda que alguien hace llorar, en cada nota larga que se sostiene hasta el silencio.
De los campos de algodón al escenario del mundo
B.B. King nació en 1925 en una cabaña humilde cerca de Itta Bena, Mississippi. Creció entre campos de algodón, cánticos de iglesia y blues del Delta. Muy joven entendió que la música era una vía de escape y un puente con los demás.
Se mudó a Memphis a fines de los años 40 y allí trabajó como DJ en una emisora local. Le decían “Beale Street Blues Boy”, y de esa larga etiqueta nació el apodo que se quedaría para siempre: B.B. King.
En 1951 grabó Three O’Clock Blues, y de golpe pasó de ser un nombre prometedor a un fenómeno nacional. Desde entonces, su carrera fue una gira interminable: durante décadas llegó a dar más de 250 shows por año.
La guitarra que hablaba, una Gibson ES-355
Hay una anécdota que pinta de cuerpo entero a B.B. En un baile en Arkansas, se armó una pelea, alguien tiró un barril con querosén y el lugar se prendió fuego. Todos salieron corriendo, menos él, que volvió a buscar su guitarra. Después se enteró que la pelea había sido por una mujer llamada Lucille. Desde entonces, todas sus guitarras se llamaron así, como recordatorio de que jamás debía arriesgar la vida por nada… excepto por la música. Y vaya si esa guitarra hablaba. Con su vibrato rápido, sus bendings desgarradores y su manera de “responderle” a su propia voz, Lucille se convirtió en una extensión de su alma.
La manos enormes y el corazón aún más grande
Me cuesta mucho escribir sobre alguien que admiro, me cuesta y avergüenza. Una anécdota que nadie conoce porque es mía y nunca o muy pocas veces se la conté a alguien.
Corría año 1994, trabajaba en un importante diario de Buenos Aires y me tocó cubrir cómo fotógrafo una serie de fechas de B.B. King en el Estadio de Obras Sanitarias. Fueron los shows donde se subió Pappo, los mejores shows que le vi a BB.
Hice mi trabajo el primer día, saqué varias fotos y quedaron realmente bien. Entonces se me ocurrió regalarle una a BB King, haría lo imposible por acercarme y obsequiársela. Amplié una de las tomas en un tamaño 40 x 60 y la mandé a enmarcar, con la esperanza de dársela el último día. Y llegó ese último día, recorrí más de 60km con esa foto, y estuve todo el recital con ella en la mano.
Pero aún teniendo acreditación no me pude acercar.
Entonces decidí esperarlo en el Hotel Sheraton. Varias horas esperando, no recuerdo si 2, 3 o 4 y cuando ya había perdido la esperanza, llegó una limousine y bajó “El gordo”, con una sonrisa que encandilaba.
Ve a varios de nosotros (fans) y se acerca a saludar. Yo desesperado abro el envoltorio de la foto y se la muestro, entonces abre los brazos y me sonríe.
-Esto es para mí? Me dice
-Sí, Mr. King
-Me encanta, la sacaste vos?
-Sí (con la voz temblorosa)
-La voy a poner encima de mi chimenea!!!
Se la da una persona cercana y me dice:
-Yo te voy a dar algo…
Se saca su propio pin (que aún conservo) de su saco y me lo pone en mi campera de jean, golpeándome el pecho con su mano gigante. Me firma un autógrafo, le pide la foto a la persona que se la había dado, saluda al resto de la gente y entra al hotel con ella bajo su brazo.
Quizá la tenga sobre su chimenea o la haya olvidado en el hotel, eso no importa, fueron los mejores 5 minutos de mi vida.

Sus discos imprescindibles
La discografía de B.B. King es inmensa: más de 50 álbumes de estudio, decenas en vivo y colaboraciones con artistas de todos los géneros. Pero hay discos que definen su legado:
- Singin’ the Blues (1956): su primer gran LP, donde se intuía que había nacido una leyenda.
- Live at the Regal (1964): grabado en Chicago, sigue siendo considerado un manual del blues en vivo.
- Completely Well (1969): de aquí salió The Thrill Is Gone, el tema que lo llevó a la cima del público masivo.
- Live in Cook County Jail (1971): prueba de que podía emocionar a cualquiera, incluso a un grupo de presos en una cárcel de Chicago.
- Blues Summit (1993) y Deuces Wild (1997): duetos con artistas de todas las generaciones y estilos.
- One Kind Favor (2008): su último gran trabajo en estudio, un regreso a las raíces más puras del blues.

