“Dije siempre que hay tres maneras de irme de un club: una es que el grupo no me responda o que yo no vea respuestas; otra es porque me dicen una cosa y hacen otra; y la otra es porque buscamos cosas diferentes para el futuro. Una de esas tres está pasando”.
Sí, una de esas tres situaciones está pasando. Como si el fútbol tuviera los giros de la vida misma, a Eduardo Domínguez se le dio vuelta el escenario. Aquellos ítems que expuso como posible causa de salida después de la eliminación del equipo en la Copa Argentina, hoy vuelven convertidos en uno que le juega claramente en contra, que lo expone, que condiciona su futuro como nunca.
Tras la dura derrota contra Unión, Domínguez desestimó lo que es a todas luces una realidad: el equipo ya no le responde. Ni anímica ni futbolísticamente. Ni a sus decisiones de arranque, ni a las que toma durante el partido. Ni a su discurso, ni a su mensaje. Ni siquiera a su optimismo, porque hace varios meses que intenta mejorar lo que el equipo no mejora. Aquí está la máxima razón de por qué Estudiantes viene dando señales de ciclo cumplido. No es el diario de hoy. Es el de ayer. Y de anteayer también.

Para peor, los refuerzos se suman y los problemas se repiten. Mansilla ya no está, Funes Mori ya no juega, pero los horrores defensivos se suceden una y otra vez. Estudiantes recibe goles todos los partidos. Ataje quien ataje, defienda quien defienda, juegue quien juegue. Y cualquiera sea su rival. Ya no hay chivos expiatorios. Y a esta altura, los tres títulos ya no alcanzan como blindaje. El equipo está regalando todo lo que supo construir. Y así, no tiene futuro. Ni en la Libertadores, ni en el Clausura ni en la proyección para el 2026.
Una racha de peso
Doce partidos sin ganar (con ocho derrotas y dos eliminaciones consecutivas, contando la de Vélez como tal) no es una racha aceptable para este plantel de equipo rico. Ni siquiera para el segundo técnico más ganador de la historia del club. Es cierto que Domínguez le devolvió a Estudiantes parte de su gloria, como que también eso no le da la potestad de sentirse inmaculado. Nadie es dueño de lo que no le pertenece.
Por todo, la frase de Domínguez post Aldosivi en la que el DT puso en duda su continuidad previo al receso es hoy su mayor condicionamiento. En aquel momento, el club aceptó su queja, se rearmó con la llegada de Agustín Alayes y le limpió el camino con lo que parecía el mal de todos los males para el entrenador (la brasileña Carina Magnabosco, que salió rápidamente de escena).
Ahora mismo, entonces, el DT está en deuda. Y así como el club respaldó la continuidad de su proceso con decisiones fuertes, en este momento delicado es él quién debería actuar sin perjudicar el camino de un club que lo potenció como entrenador, sobre todo con los octavos de la Libertadores a la vuelta de la esquina.
“Si el día de mañana no le encontramos la vuelta, voy a ser el primero en decir que no la estoy viendo”. De eso se trata. Estudiantes, el lunes, se juega mucho más que un partido ante Huracán…

