Universidad Católica aparece en el camino de Estudiantes en un momento de confianza máxima. El equipo chileno no fue el más brillante de la fase de grupos, pero sí uno de los más efectivos, sólidos y competitivos en los momentos clave, al punto de terminar primero con 13 puntos, 8 goles a favor y apenas 4 en contra, además de dejar en el camino a Boca con un golpe resonante en la Bombonera.
Detrás de esta versión está Daniel Garnero, un nombre con pasado pincha: fue ayudante de campo de Jorge Burruchaga en Estudiantes y hoy imprime su sello desde el banco con una idea clara. Católica no necesita dominar la pelota para sentirse cómoda: se ordena, espera y lastima cuando el partido se rompe.

El equipo chileno construyó su campaña desde una premisa muy clara: orden defensivo, bloque compacto y transiciones rápidas. No hay demasiada elaboración ni circulación extensa, pero sí una lectura muy fina de los momentos del partido. Cuando el rival se desordena, Católica aparece. Y cuando se pone en ventaja, sabe cerrarlo con inteligencia.
El gran golpe de la fase de grupos fue justamente ante Boca. Ese triunfo no solo le dio la clasificación, sino que también reforzó una idea: este equipo se agranda en escenarios pesados y no le tiembla el pulso en partidos de alta tensión.
En ese contexto, el cruce con Estudiantes suma un condimento especial. No solo por la instancia, sino también por los nombres con pasado en el fútbol argentino que hoy forman parte del plantel chileno.
Entre ellos aparece Fernando Zuqui. El Comandante es pieza clave en el mediocampo, con buen manejo de pelota parada y capacidad para acelerar transiciones. También está Juan Ignacio Díaz, con un breve paso por el Pincha entre 2018 y 2019, hoy consolidado como opción defensiva.
El duelo asoma parejo y con una lógica clara: Estudiantes intentará imponer ritmo, presión alta y volumen de juego, mientras que Católica buscará un partido más friccionado, cerrado y de detalles. En ese contraste aparece la verdadera llave de la serie.
Porque si algo dejó claro este equipo chileno en la Libertadores es que no necesita jugar mejor que el rival para eliminarlo. Y en estas instancias, eso vale oro.

