De repente, y por muchos momentos, pareció que Alexander Medina hubiera tenido una vida anterior en Estudiantes. Porque rápidamente se acopló al club, porque rápidamente se mimetizó con su idiosincracia y porque rápidamente sus acciones fueron acomodándose al sentir de sus hinchas. Y en la charla exclusiva que tuvo con Cielosports Radio, el Cacique se refirió a por qué su estadía de solo tres meses tuvo esa empatía que no es fácil de conseguir en un tan corto plazo.
En ese sentido, el DT explicó que antes de llegar, ya había tenido algunas reseñas. Incluso, una química que iba de la mano de su esencia. “Antes de llegar me habían contado cómo vivían las cosas en Estudiantes. En estos tres meses me di cuenta que fue tal cual me dijeron. Había una conexión porque algunas cosas que pasaron a lo largo de los partidos y situaciones no es que uno lo piense, sino porque se siente. Tengo una forma de sentir el fútbol que no lo hago acá porque sea Estudiantes, lo hice siempre. Y eso que estoy bastante controlado”, sostuvo.
El grito de gol de Amondarain contra el DIM a los Simeone, la vez que entró a la cancha contra San Lorezno enfurecido con el árbitro, su abrazo con Verón en la clasificación a los octavos, la “confusión” en el cambio contra Central para ganar tiempo que todos los hinchas consideraron una bideonada, son algunos de los ejemplos que fueron uniendo al Cacique con el Pincha.
Pero también hubo personas que fueron ayudando a esa causa. “Hice una gran amistad con Isra (Damonte). Él me habló muchísimo de Estudiantes. Fue uno de los tantos que me hizo sentir Estudiantes, que me regaló su camiseta. Tengo también un amigo como Juan Szeinfeld que me habla muchísimo del club, me vuelve loco. Y es un club además que me tocó enfrentar como jugador y como técnico, tengo la camiseta de la semifinal de la Libertadores 2009 (jugó para Nacional e hizo uno de los goles en Montevideo). Y además, todo eso se transmite”.
Sobre la forma en la que gritó el gol contra el DIM: “Imaginate que no me hubiera pasado nada por adentro sino gritaba ese gol de la clasificación, en el últmo suspiro, cuando habíamos sido merecedores del resultado. Y ese partido iba a decir si habíamos hecho las cosas bien o mal. Marcaba el termómetro. Fue tremendo el cómo. Fue de película lo que logramos”, explicó sobre su festejo alocado.

