El ciclo de Abel Balbo en Estudiantes solamente tiene cuatro partidos, pero a juzgar por el clima que se vio en UNO el pasado lunes pareciera contar con un bagaje mucho mayor de encuentros sin buenos rendimientos. El tiempo de trabajo, varias de sus decisiones e incluso algunas declaraciones generaron en buena medida el enojo actual.
El cansancio que manifestaron los hinchas Albirrojos en el estadio el pasado lunes, tras la derrota ante Lanús, tiene su génesis en buena medida en la expectativa previa y el potencial que parece tener el equipo en el nombre por nombre, sumado al hecho de que el grupo lleva más de dos meses trabajando bajo las órdenes del actual cuerpo técnico.
Con todo eso sobre la mesa, el rendimiento que mostró Estudiantes hasta el momento ha sido, de mínima, decepcionante. Más allá de algunos bajos rendimientos individuales importantes que no dependen directamente de Abel Balbo, de la idea de juego que proclamó tener y que prometió para el inicio del torneo se vio poco y nada.
El entrenador Albirrojo, en uno de los primeros testimonios que brindó como DT del plantel superior habló de “defender como un equipo italiano y atacar como uno brasileño o argentino”. En defensa el Pincha hizo agua, cometió errores groseros que costaron goles y en ataque, salvo un rato ante Tigre, no mostró casi nada.
Para colmo varias de las decisiones del técnico fueron puestas bajo la lupa en estos pocos partidos: Santiago Ascacíbar jugando más de enganche que de doble cinco junto a Jorge Rodríguez, José Sosa sentado en el banco de suplentes, Pablo Piatti sin minutos y un doble 9 estático con Mauro Boselli y Guido Carrillo.
Los cambios durante los encuentros fueron también un punto que generó reproches literalmente desde su primera presentación: ante el Matador, con media hora por delante, ya había agotado las tres ventanas quedándose sin poder de reacción, con dos cambios sin usar y dejando a Sosa sentado entre los relevos.
Más allá de todo esto el gran punto de la crítica a Abel Balbo parece tener que ver con la idea de juego, en contraposición con la expectativa generada. Ante Lanús la muestra fue preocupante: a pesar de tener un hombre más todo el segundo tiempo el equipo no generó nunca juego asociado y se limitó a lateralizar la pelota para llenar de centros imprecisos el área de una defensa Granate que se fue con chichones de tanto rechazar por vía aérea.


