Hay triunfos que suman tres puntos y otros que, además, modifican el estado de ánimo. El de Gimnasia ante Sarmiento entra claramente en la segunda categoría. Porque el Lobo no sólo ganó un partido que manejó durante casi toda la tarde sino que, además, se metió en la línea de los punteros, volvió a arrimarse a la zona de clasificación a la Libertadores y consiguió algo que a esta altura del campeonato vale casi tanto como cualquier otra cosa: mantener viva la ilusión.
Y lo hizo apoyado, fundamentalmente, en un mediocampo que tuvo a Ignacio Miramón como dueño de la pelota y del termómetro del partido. Nacho fue el futbolista que más claridad le dio al equipo para entender cuándo acelerar, cuándo asegurar el primer pase y, sobre todo, dónde debía estar parado Gimnasia cada vez que Sarmiento intentaba salir. Cortó, barrió segundas jugadas y, casi siempre, después de recuperar eligió bien. No se limitó a destruir: fue el punto de partida de la distribución, una pieza clave para que el Lobo pudiera sostener la pelota y jugar el encuentro lejos de Harlen Castillo.
A su lado, o algunos metros más adelante, Nacho Fernández volvió a demostrar que su peso en este equipo no se explica solamente desde lo que hace con la pelota. El 1-0 fue casi una foto de su influencia: fue a atormentar un pase hacia atrás, no dio la jugada por terminada, acompañó la presión hasta el final y terminó marcando con la panza. Poco estético, bastante efectivo. Y muy suyo. Porque esa insistencia para ir a buscar al rival arriba es uno de los recursos que le permiten a Gimnasia defender varios metros más lejos de su arco y transformar una presión en una situación de gol.

El dominio fue bastante claro durante el primer tiempo y también durante buena parte del segundo. Salvo por un pequeño tramo en el arranque del complemento, Gimnasia llevó el partido adonde quiso. En ese pasaje apareció Sarmiento con algo más de decisión y allí fue importante Harlen Castillo, que respondió en dos momentos puntuales en los que el rival consiguió romper la estructura defensiva. Primero había intervenido ante Julián Contrera y luego lo hizo frente a Ulises Giménez. No tuvo una tarde cargada de trabajo, pero apareció cuando correspondía.
También hubo una señal positiva en Lucas Janson, que mostró una versión bastante más activa que en sus últimas presentaciones. Encontró espacios, se involucró más en las jugadas ofensivas y hasta había conseguido el segundo gol, aunque el VAR terminó anulándolo por una falta previa en la acción. Esa jugada, además, volvió a tener a Miramón como protagonista en el origen y expuso una constante: cada vez que Gimnasia logró acelerar con precisión desde la recuperación, Sarmiento sufrió.
Claro que con el marcador apenas 1-0 todavía quedaba una cuota de suspenso. Y ahí apareció Franco Torres para bajar la persiana. El delantero encontró espacio desde afuera del área, sacó un remate contundente y puso el segundo en un momento en el que el Lobo necesitaba transformar en tranquilidad una superioridad que ya había mostrado desde el juego. El gol liberó al equipo y terminó de acomodar un partido que, por desarrollo, hacía rato parecía inclinarse para el mismo lado.
Por eso, más allá del resultado, la noticia para Gimnasia está en la forma. Ganó porque controló, porque presionó bien, porque Miramón manejó el centro del campo y porque tuvo respuestas individuales en los momentos en que las necesitó. Janson levantó, Castillo respondió y Franco Torres fue contundente. Pero, sobre todo, el equipo volvió a dar una señal en un momento pesado del torneo.
Y esa señal se mira inevitablemente en la tabla. Gimnasia llegó a la línea de los punteros, volvió a acercarse a la zona de clasificación a la Libertadores y sigue con motivos para mirar hacia arriba. No tiene nada asegurado, claro. Pero tampoco está para bajarse del sueño. Después de una tarde así, tiene razones para creer.


