Gimnasia cumplió con creces en el debut por Copa Argentina y dejó atrás la salida de Fernando Zaniratto con una contundente goleada por 4-1 ante Camioneros. Le costó durante los minutos iniciales, pero poco a poco fue inclinando la balanza a su favor y cerró el partido sin pasar sobresaltos.
Quedó claro que la diferencia de jerarquía entre una categoría y otra juega por sí sola. El Lobo se impuso en los duelos individuales, ganó en velocidad y tuvo más y mejor la pelota. Sin embargo, por momentos, no logró trasladar todo eso al juego en equipo y padeció algunos tramos del partido, sobre todo defensivamente.
El empate parcial, a solo cinco minutos del penal de Torres, lo puso algo nervioso y las inseguridades se agudizaron aún más. De todas formas, en ningún momento se vio superado ni desbordado. Gimnasia fue su propio rival. Cuando logró volver al partido, gracias al gol de Steimbach, no dejó dudas.

Ya en el complemento, a pesar de que Camioneros se encontraba a tiro del empate, comenzó a dominar mejor el juego y, con el ingreso de Zalazar, encontró esa chispa en ataque que le estaba faltando para liquidar el encuentro y despejar todo tipo de dudas.
Primero el propio Zalazar y luego Nacho Fernández le pusieron cifras definitivas al partido. Un triunfo esperado, teniendo en cuenta las diferencias con el rival, pero no por eso menos necesario. Con el Pata Pereyra, Gimnasia se reencontró con el triunfo, continúa en la Copa Argentina y cortó la mala racha. Ahora, deberá trasladarlo al Apertura si pretende estar en los playoffs.

