Estudiantes compitió de igual a igual con el poderoso Flamengo durante gran parte del partido. Por momentos lo superó y fue mejor, pero también sufrió y se quedó sin aire para aguantar los minutos finales. De todas maneras, al Fla no le sobró nada y la diferencia del partido la marcó un error propio.
A diferencia de lo que le ocurrió en el Maracaná por los cuartos de final de la Copa Libertadores 2025, el Pincha se plantó ante el Mengão con otra actitud y convicción. No se replegó en el fondo ni especuló con priorizar el aspecto defensivo, al contrario, salió a presionar bien arriba y de entrada mostró ambición por el triunfo.
Fue el mejor de los dos durante los primeros minutos del partido y, aunque no logró generar una situación clara de gol, tuvo aproximaciones peligrosas y más tenencia de la pelota. Sin embargo, como se podía prever, el local comenzó a crecer con los minutos y también tuvo lo suyo.

De todas maneras, toda la producción del Fla se sintió forzada e incómoda, en parte por impericias propias y en parte por el esfuerzo del Pincha de mantener las marcas de cerca y de no dejar espacios libres, algo que el campeón vigente sabe aprovechar de muy buena manera.
Y aunque el segundo tiempo comenzó con la misma dinámica, poco a poco el equipo brasileño fue torciendo la cancha a su favor y Estudiantes sintió el desgaste. Si bien no se lo llevó puesto ni lo peloteó, comenzó a insinuar cada vez más el gol y finalmente llegó tras un inesperado error de Muslera.
El arquero uruguayo salió con los pies en lugar de usar las manos, la jugada siguió con vida y Pedro no perdonó. Ese error marcó un quiebre en el partido que el equipo de Medina ya no pudo revertir. Flamengo se agrandó, se soltó, comenzó a llegar cada vez más y hasta pudo ampliar la diferencia.
Estudiantes perdió un partido que en la previa podía perder, pero por cómo se dio dejó la sensación de que pudo sumar al menos un punto. Ahora, ya sin chances de alcanzar el primer lugar, deberá definir ante Independiente Medellín el segundo puesto del Grupo A. Sigue con vida, pero ya sin margen de error.

