No podía ser. Gimnasia sufría. El Pata Pereyra refunfuñaba después del 1-1 de Jaminton Campaz, el que apenas pudo ver ya que venía de dar indicaciones… Pero el Lobo, este Lobo que desea aullar como en las primeras fechas, resiliente, siguió. Empujó. Y aprovechó una nueva mala salida de Rosario Central para convertir el 2-1 a través de Nacho. Pero no de Fernández, sino de Ignacio Miramón. Golazo y desahogo.
Se trató casi de un copy-paste del 1-0. Porque así como Central había dejado espacios en el arranque de la acción que derivó en el desborde de Franco Torres y del pase para NF, el que capturó la bocha en una zona virgen de marcas fue Agustín Colazo. El ex Unión aprovechó un mal pase de Mallo y avanzó. Fue hasta el perímetro, eludió a Gastón Ávila aunque en el último intento el futbolista del Canalla logró birlarle la pelota. Sin embargo, ese quite terminó siendo una asistencia.
Porque de frente el que apareció fue Ignacio Miramón. De gran partido. De gran intensidad. Y de gran pegada, también: el volante central de Gimnasia apuntó al mismo palo al que Nacho fijó su mirada en el 1-0 y le pegó el latigazo. El tiro dio un par de piques producto de un rebote y eso confundió a Ledesma, quien finalmente se lanzó infructuosamente ya que el balón entró pegadito a su poste. Otra vez, gol de Gimnasia, desde casi el mismo sitio. Un calco que celebraron todos los triperos.

