Está claro que no fue el mejor del partido del Lobo. Ni siquiera se podría decir que fue un buen partido. Apenas con un desempeño correcto, al equipo de Fernando Zaniratto le alcanzó para llevarse tres puntos de Mendoza, reencontrarse con el triunfo tras dos partidos y escalar posiciones en la Zona B.
En el amanecer del encuentro, ninguno de los dos equipos quiso tomar la responsabilidad de imponer condiciones y, durante gran parte de la primera mitad, la disputa se dio muy lejos de las áreas. Casi no hubo llegadas y el nivel, en líneas generales, estuvo por debajo de la media.
Sin embargo, promediando media hora del primer tiempo, el Lobo platense hilvanó una seguidilla de pases interesante y terminó festejando la apertura del marcador. Sí, en la primera jugada seria y clara logró romper el cero gracias a una gran individualidad de Steimbach y a la definición del Chelo Torres.

En el complemento le tocó sufrir, y mucho. El local, ya sin nada que perder, se volcó contra el arco defendido por Insfrán y acorraló al equipo de Zaniratto. El Mono en varias oportunidades, la falta de puntería y el travesaño en dos ocasiones, impidieron el empate del equipo de Broggi.
Decididamente, Gimnasia se dedicó a defender y aspiró a una contra que le permitiera liquidar el partido, que llegó pero no supo aprovechar. Así como con poco le alcanzó para ponerse en ventaja y ganar, con poco le hicieron mucho daño y lo pusieron contra las cuerdas, a tal punto que el local mereció algo más que la derrota.
Lo dicho, no fue un buen partido de Gimnasia, pero esta vez se le dio el triunfo, el primero fuera del Bosque. Por supuesto nadie le regaló nada: peleó, batalló y aguantó hasta el final, ahí estuvo su principal virtud. En otras oportunidades mereció más y no se le dio. Esta vez el fútbol fue generoso con el equipo de Zaniratto, que contó nuevamente con la figura estelar de Nelson Insfrán. Otra vez clave para salvar al Lobo.

