Hay carreras que se festejan y otras que se sufren. Para Franco Colapinto, Monza fue un poco de las dos. El argentino terminó noveno, sumó dos puntos para Alpine y protagonizó una enorme remontada después de haber caído hasta el puesto 16. Sin embargo, cuando llegó el momento de analizar lo ocurrido, la bronca pudo más que la alegría y el piloto se quebró en plena entrevista.
Es que Colapinto había tenido en sus manos una oportunidad enorme. Después de largar séptimo, avanzó posiciones y llegó a ubicarse tercero en el Gran Premio de Italia, mostrando un ritmo que le permitía soñar con un resultado histórico para Alpine. Pero después del relanzamiento de la carrera, tras la bandera roja provocada por el accidente de Charles Leclerc, llegó el error que cambió todo: perdió el control de su Alpine, se despistó y cayó hasta el puesto 16.
“Fue una carrera dura. Muy frustrante. Estoy triste por eso. Una gran carrera y un gran error”, reconoció Colapinto, visiblemente emocionado. Y enseguida explicó por qué le dolía tanto lo ocurrido: “Desaproveché una oportunidad muy importante para el equipo y para mí. Hay que aprender de esto y seguir”.
Pero justamente ahí apareció otra de las grandes virtudes que mostró el argentino. Lejos de caerse después del error, volvió a meterse en carrera. El Alpine tenía ritmo y Colapinto comenzó una remontada sostenida, superando rivales y recuperando posiciones hasta volver a entrar en la zona de puntos.
El argentino dejó atrás a Carlos Sainz, Esteban Ocon y Nico Hülkenberg y después protagonizó una de las maniobras de la carrera, con un doble adelantamiento sobre Gabriel Bortoleto y Ollie Bearman que le permitió colocarse décimo. Más tarde también superó a Yuki Tsunoda para alcanzar el noveno puesto y quedar a la caza de Arvid Lindblad.

Por eso el resultado tiene una doble lectura. Noveno y dos puntos puede parecer poco después de haber estado tercero, pero también habla de la capacidad de reacción de Colapinto después de un error que podría haber terminado con su carrera mucho antes de la bandera a cuadros.
La imagen final, sin embargo, fue la que resumió todo. Colapinto llorando, frustrado por lo que pudo ser y no fue. Porque el argentino sabe que tuvo una oportunidad enorme en Monza y que su propio error se la llevó. Pero también sabe algo que puede ser todavía más importante: tuvo el carácter para levantarse, recuperar siete posiciones y volver a meter al Alpine en los puntos.


