Si algo caracteriza al Gimnasia de Ariel Pereyra en este 2026 es que no necesita mirar siempre al mismo nombre para encontrar el gol. El Lobo lleva 51 tantos oficiales entre Apertura, Clausura y Copa Argentina, pero la verdadera particularidad aparece al revisar la planilla: 16 jugadores diferentes ya marcaron al menos una vez.
El máximo anotador es Marcelo Torres, con 10, pero detrás aparece un reparto que explica buena parte del crecimiento ofensivo del equipo. Agustín Auzmendi suma siete, Ignacio Fernández seis y tanto Franco Torres como Nicolás Barros Schelotto llegaron a cinco.

A ellos se agregan Agustín Colazo, con tres; Enzo Martínez, Germán Conti, Alexis Steimbach y Maximiliano Zalazar, con dos cada uno; y otros seis futbolistas que aportaron uno. Incluso Gimnasia tuvo un gol en contra a favor, el de Jeremías Ledesma frente a Rosario Central.
La estadística muestra una tendencia clara: el gol está atomizado. Los delanteros aportan, pero no concentran toda la producción. Los volantes llegan, los defensores aparecen en pelota parada y futbolistas que no tienen como función principal convertir también encontraron la red.
Gimnasia, entre los equipos que más convierten desde abril

El fenómeno cobra todavía más dimensión cuando se analiza el rendimiento reciente. Desde el 6 de abril, Gimnasia convirtió 29 goles en Liga, registro que lo coloca entre los equipos más productivos del fútbol argentino en ese período.
Y lo curioso es que esa cifra no viene acompañada por un goleador que monopolice la estadística. Mientras otros equipos explican buena parte de su producción a partir de uno o dos nombres, el Lobo reparte responsabilidades.
Ese reparto también le permite sobrevivir a rachas individuales. Si Marcelo Torres no convierte, puede aparecer Auzmendi. Si el nueve no encuentra espacios, puede llegar Nacho Fernández desde atrás. Y si el partido se cierra, los centrales o los laterales también se transforman en amenaza.
Ese es uno de los secretos del Gimnasia que pelea arriba: no tiene una única vía de gol, sino muchas. Y en un torneo largo, donde las rachas cambian y los rendimientos individuales suben y bajan, esa multiplicidad de respuestas termina siendo una ventaja.


