Gimnasia pasó de mirar la tabla con preocupación a hacerlo con ambición. De sumar poco, jugar con dudas y buscar respuestas semana a semana, a competir por el Clausura, asegurar presencia internacional y permitirse mirar de reojo la clasificación a la Copa Libertadores si los equipos que están por encima -y si se dan algunos resultados también- le dan una mano. Y en esa transformación hay un nombre que aparece inevitablemente en el centro de la escena: Ariel Pereyra.
El Pata no inventó futbolistas ni encontró una fórmula mágica de un día para otro. Su mérito estuvo en otra cosa: leyó el plantel, cambió jerarquías, modificó funciones y construyó una identidad. El equipo que hoy pelea arriba no es simplemente una versión mejorada del que recibió. Es, en muchos aspectos, otro Gimnasia.
1. Una estructura repensada

La primera gran decisión de Pereyra fue dejar de encorsetar al equipo en un dibujo y comenzar a armarlo alrededor de sus futbolistas más determinantes. Ignacio Fernández ganó libertad, dejó de quedar atado a una banda y empezó a moverse donde más daño podía hacer. A partir de allí, Gimnasia fue mutando entre el 4-3-1-2, el 4-2-3-1 y una especie de 4-2-2-2, pero conservando una idea: mucha presencia interior y jugadores cerca entre sí. Pereyra entendió que el sistema debía servirles a los nombres y no al revés.
2. Miramón, el equilibrio de todas las versiones

Si Nacho representa el talento del equipo, Ignacio Miramón es probablemente su termómetro táctico. Como número 5 fue equilibrista. Cambió el dibujo, cambiaron sus acompañantes y hasta cambió la cantidad de delanteros, pero Miramón permaneció. Fue interior, doble cinco y volante de recorrido según la necesidad. Su evolución permitió que Gimnasia pudiera atacar con más gente sin quedar partido. En un equipo que empezó a asumir riesgos para ir a buscar los partidos, Miramón se transformó en el futbolista que sostiene la estructura cuando los demás se sueltan.
3. Pereyra y un cambio en la escala de participación

Otra clave fue que los apellidos dejaron de garantizar lugares. Mateo Seoane es posiblemente el mejor ejemplo. Comenzó como alternativa y terminó convirtiéndose en socio habitual de Miramón. Su despliegue, intensidad y capacidad para ocupar espacios fueron desplazando a futbolistas que habían arrancado como titulares. El caso inverso se produjo con Augusto Max y Nicolás Barros Schelotto, dos nombres importantes en el comienzo del ciclo que fueron perdiendo espacio. Lo mismo sucedió en otros sectores. Germán Conti terminó consolidándose en la zaga, mientras que sobre el cierre Harlen Castillo desplazó a Nelson Insfrán en el arco. Pereyra sostuvo una regla fundamental durante todo el proceso: juega el que mejor responde al funcionamiento.
4. La reconstrucción del ataque
El primer Gimnasia del Pata había encontrado una fórmula con Agustín Auzmendi y Marcelo Torres juntos. Dos referencias ofensivas, Nacho detrás y mucha gente atacando por dentro. Las lesiones obligaron después a modificar esa idea. Allí aparecieron nuevas alternativas y, principalmente, Lucas Janson, quien terminó ganándose un lugar hasta el punto de provocar otra adaptación táctica. Cuando regresó Chelo Torres, Pereyra no desarmó lo que había encontrado. Hizo lo contrario: intentó ensamblarlo. Así nació una de las versiones más completas del equipo: Auzmendi y Torres arriba, Janson llegando desde atrás, Nacho con libertad y Miramón-Seoane sosteniendo el mediocampo.

5. De reaccionar a imponer
Tal vez la transformación más profunda no aparezca en una formación. El Gimnasia que tomó Pereyra era un equipo que necesitaba puntos. El actual es uno que sale a buscarlos. Fue ganando confianza a partir de resultados, pero también a partir de una identidad: presión, intensidad, presencia en campo rival, varios jugadores pisando el área y una convicción creciente para competir incluso cuando el desarrollo no resulta cómodo. El cambio también fue mental. Gimnasia pasó de jugar condicionado por la necesidad a hacerlo empujado por la posibilidad. Y ahí está la verdadera dimensión del trabajo del Pata. Porque el equipo no llegó a este escenario por una racha aislada. Hubo decisiones, futbolistas que crecieron, otros que perdieron terreno, ajustes tácticos y una columna vertebral que se fue consolidando con el correr de los meses.


