Los trabajadores de Pauny están adentro de la fábrica de Las Varillas desde el martes. Este jueves, una audiencia en la Secretaría de Trabajo de Córdoba terminó sin una propuesta concreta para pagar los sueldos atrasados, y el secretario general de la UOM de San Francisco, Lucas Sarmiento, dejó clara la decisión del gremio: “De acá nos sacan con los pies para adelante”. Hay una nueva audiencia fijada para el 12 de noviembre y, hasta entonces, nadie piensa irse.
La película no termina ahí. En La Banda, Santiago del Estero, los 50 empleados de la otra planta de Pauny también tomaron la fábrica. En Villa Constitución, Plantium cerró su planta y dejó a más de 100 personas sin trabajo. Metalfor pidió el 3 de noviembre su concurso preventivo en los tribunales de Marcos Juárez, con una deuda bancaria cercana a los 50.000 millones de pesos. Y en Firmat, Vassalli intenta volver a producir después de meses de parálisis, deudas y conflictos.
Cuando pasa todo esto en tan pocas semanas, cuesta seguir hablando de casos aislados. Cada uno de estos capítulos estaba separado hasta ahora, pero llegó el momento de ponerlos sobre la misma mesa, porque cada fábrica tiene su propio drama pero todas juegan en el mismo tablero.

Un mercado que no crece y un rival que juega con otro precio
Los patentamientos de octubre que publicó ACARA ayudan a poner dimensión. Entre enero y octubre se registraron 5.649 máquinas autopropulsadas, contra 5.689 en el mismo período de 2025, una caída de apenas 0,7%. Dicho así, parece estabilidad. Pero adentro conviven realidades muy distintas, porque las cosechadoras crecen 11,4%, los tractores caen 1% y las pulverizadoras se hunden 11,9%.
Donde más se nota el cambio es en los tractores. El grupo que ACARA llama “Otros”, donde pesan de manera decisiva las marcas chinas aunque no son las únicas, pasó de 382 unidades a 873 en un año. Es un salto de 128,5% que ya representa el 19,7% de los patentamientos. Mientras tanto, las marcas de siempre retroceden. John Deere cae 8,1%, Case 9,9%, New Holland 26,3% y Pauny 25,2%.
El argumento central de los recién llegados es el precio. Incluso traerlo uno mismo, como si fuese pedirlo por Temu, puede salir más barato aun. Santiago Loria, cofundador de Savex Argentina, una de las empresas que ofrece importar tractores directamente para el productor en cajas, lo resume así: “Entre comprar un tractor chino acá a una concesionaria o importarlo directamente hay mucha diferencia de dinero”. Según explicó, un tractor chino ya puede costar la mitad que uno de las marcas tradicionales, y comprando directo a fábrica la diferencia puede llegar al 60%, aunque depende del modelo y de la comparación que se haga.
Hace unas semanas se viralizó en las redes el caso de un tractor que llegó a un campo de Pigüé adentro de una caja de madera, con los productores poniéndole las ruedas. La imagen resume bien lo que cambió. El comprador ya no necesita siquiera una concesionaria. Es un canal todavía chico frente al mercado total, pero muestra hasta dónde se movió la manera de comprar fierros.

Pauny, una fábrica que ya nació de una quiebra
Pauny nació de las cenizas de Zanello. Los hermanos Zanello llegaron a producir 6.018 tractores en 1984, pero la apertura de los 90 y la crisis de comienzos de los 2000 terminaron en quiebra. Parte de los gerentes, los empleados, la red de concesionarios y la Municipalidad de Las Varillas armaron un plan para recuperarla, y Pauny S.A. empezó a funcionar el 2 de enero de 2002. Con el tiempo llegó a liderar el mercado argentino de tractores durante cuatro años consecutivos, con unas 2.000 unidades por año.
Hoy patentó 32 tractores en octubre y 348 en lo que va del año, contra 465 en 2025. Según el Banco Central, la deuda ronda los 32.000 millones de pesos, de los cuales 30.800 millones son bancarios, principalmente con el Banco Nación, y cerca de 1.000 millones corresponden a 146 cheques rechazados. La empresa además dejó de hacer aportes previsionales, a las obras sociales y a los sindicatos. Sarmiento lo cuenta desde el lado de los trabajadores, con compañeros que, dice, hace “más de dos meses que no tienen un peso en el bolsillo”.
El directorio reconoció una situación de “extrema dificultad financiera” y aseguró que preservó los puestos de trabajo “confiando en una recuperación del mercado que lamentablemente no se produjo”. Su propuesta, según la propia empresa, pasaba por vender dos tractores que están listos para entregar. El gremio lo ve distinto. Para Sarmiento, la empresa “volvió a decir lo mismo, la nada misma”, y lo que reclaman es “plata para los trabajadores urgente”, antes de empezar a hablar de reactivar la fábrica.
La otra lectura es que la competencia china explica buena parte de la caída, pero la crisis de Pauny tiene también causas propias. La empresa arrastraba falta de inversión para modernizar su estructura industrial y renovar su oferta. Y hay un dato que cuesta pasar por alto. La familia de uno de los dueños es importadora y vendedora de tractores chinos, y cerca de Las Varillas hay un concesionario que antes vendía Pauny y que ahora comercializa la marca Lovol, con unos 50 tractores vendidos en el último año.

Metalfor y Plantium, o cómo se contagia una crisis
Metalfor, fundada en 1974 como Metalurgia Fortín, perdió 26.484 millones de pesos en el primer semestre de 2026, cuando un año antes había ganado 11.800 millones en moneda constante. Entre enero y octubre vendió 71 pulverizadoras, un 44,5% menos que las 128 de 2025, en un segmento que cae 11,9%. Es decir que pierde terreno incluso dentro de una categoría que ya viene golpeada. La reestructuración que había iniciado, con menos estructura, producción concentrada en los modelos de mayor rotación y margen, y resguardo de ingeniería, posventa y repuestos, no alcanzó para evitar el concurso.
Plantium parecía otra cosa. Fundada en 1996, se dedicaba desde 2002 a la agricultura de precisión, con monitores de siembra, pilotos automáticos y sistemas de gestión de datos, y en 2022 inauguró en Rosario un centro de desarrollo donde trabajaban más de 50 profesionales en inteligencia artificial y robótica. Fulvio Monti, trabajador de la empresa y representante del Sindicato de Empleados de Comercio de Villa Constitución, explicó que los problemas empezaron hace unos dos años y se profundizaron desde julio.
Lo que une a Plantium con las otras es su proveedor, Gentec, del mismo grupo empresario. Su titular, Jorge Gentili, contó que la firma tenía cuatro compradores principales y que dos de ellos eran precisamente Metalfor y Pauny. Además, los sistemas que llegan desde China pueden costar hasta cinco veces menos que los fabricados en Villa Constitución. La conclusión es incómoda porque cuando los grandes fabricantes venden menos, sus proveedores pierden actividad, y cuando además dejan de pagar, el problema pasa directo a los balances y a los puestos de trabajo.

Vassalli, la que intenta volver entre dudas
Vassalli es la historia más larga del grupo. Fundada en 1949 por Roque Vassalli en Firmat, llegó a fabricar alrededor de 1.000 cosechadoras por año y fue durante décadas un símbolo de la metalmecánica argentina. Después de 2023, con sequía, falta de financiamiento, inestabilidad cambiaria e inflación, el mercado se achicó y la empresa decidió incluso dejar de tomar nuevas ventas para poder cumplir con los compromisos asumidos. Un capítulo aparte merece el acuerdo con Venezuela y las cosechadoras para terrenos montañosos que nunca viajaron y se apilan al costado de la ruta 33.
En 2024 la familia Marsó compró la compañía con la promesa de reactivarla, pero el intento naufragó. En 2025 empezaron los atrasos salariales, los proveedores suspendieron entregas y hacia fin de año la planta quedó paralizada. A comienzos de junio de 2026 acumulaba 869 cheques rechazados por unos 1.337 millones de pesos. A fines de agosto entró un nuevo grupo, encabezado por Roberto Santiago Chinelli, en una operación por un dólar y con el compromiso de asumir los pasivos.
En octubre aparecieron señales de actividad, con equipos en fabricación y más jornadas para parte del personal, pero el proceso todavía tiene que demostrar que se sostiene. Hay un contraste que parece revelador. Las cosechadoras son el único segmento que crece en el mercado, un 11,4%, y sin embargo Vassalli patentó una sola máquina entre enero y octubre, frente a las once del año anterior. La comparación es anecdótica por la parálisis y el cambio de dueños, pero muestra que un mercado que se mueve no alcanza para sostener a una fábrica que no puede producir.

Lo que se pierde cuando se apaga una fábrica
En Las Varillas, Firmat o Villa Constitución, una fábrica es mucho más que una planta. Luis Alberto Sacavino, periodista agropecuario de Las Varillas que conoce la actividad industrial del pueblo desde hace cuatro décadas, contó que “hay treinta, cuarenta fábricas menores acá en la zona” que dependen de Pauny, desde las llantas hasta las mangueras hidráulicas. También que a la cooperativa eléctrica de la ciudad le habrían devuelto cheques por 500.000 dólares de energía, y lo resumió así: “Esto es un rompecabezas que se va cayendo”.
Sarmiento puso la misma idea en otras palabras. “Acá hay familias, acá hay más de mil almas que están por detrás, porque no solamente son los trabajadores directos, sino todo el entramado productivo de Las Varillas”, dijo. Y habló de compañeros desalojados y de otros a los que les golpean la puerta los cobradores.
No parece haber un único culpable. Hay empresas que invirtieron poco, que se financiaron mal o que no supieron leer a tiempo un mercado que cambió, y hay también una competencia que ingresa a mitad de precio sin que nadie parezca preguntarse qué pasa con la industria local. Cada uno encontrará sus razones y seguramente todos tengan algo de razón. Lo que queda en evidencia es que, con la mesa servida de esta manera, las fábricas nacionales de maquinaria quedaron solas frente a un rival que juega con otras reglas. El 12 de noviembre hay una nueva audiencia en Córdoba, y habrá que ver si para entonces alguien, además de los trabajadores, aparece con algo concreto para poner sobre la mesa.


