Por Eduardo Médici
Tras una semana signada por los fuertes cruces entre el Gobierno bonaerense y la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, un dato fuerte que sin embargo escapó a los comentarios políticos fue el silencio atronador dentro del PJ Bonaerense. Magario no recibió respaldo alguno de las nuevas autoridades, aunque tampoco el kirchnerismo dijo esta boca es mía.
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La crisis, se sabe, comenzó con el asesinato de un colectivero de 26 años, acaecido el último domingo. Y disparó la clásica serie de cruces entre la Provincia y un gobierno municipal opositor en torno a quién es responsable de la seguridad. Así, desde Calle 6 apuntaron a la falta de ejecución del Fondo de Seguridad y desde Matanza remarcaron que la responsabilidad de la seguridad es de Vidal y Ritondo.
Los cruces tuvieron momentos de extrema tensión y altos puntos de rating. Pero no fueron agenda para el resto de la política, especialmente el peronismo bonaerense. Su titular, Gustavo Menéndez, afecto a las redes y a los comentarios, literalmente se borró. Y viajó a Paraguay como veedor de las elecciones presidenciales. Fernando Gray, su vice, siguió librando su guerra personal contra Macri sin mirar a los vecinos matanceros. Tampoco Insaurralde, Zabaleta o Katopodis salieron a hablar.
Magario quedó polarizando en soledad con María Eugenia Vidal, la dirigente política con mejor imagen del país. Aunque no faltaron los intendentes que, por privado, le hicieron llegar su solidaridad y se pusieron a disposición para entrar al fragor de la batalla. Apenas Teresa García, senadora kirchnerista, acompañó: dijo que la Seguridad es tema de la Provincia y denunció que, en pleno -y supuesto- luto, la Gobernadora se fue de gala a una cena del CIPPEC.
Hubo, también, una declaración del bloque kirchnerista de Diputados y tuits del intendente de San Antonio de Areco, Francisco Durañona. Y un posicionamiento firme del Instituto Independencia que no trascendió demasiado. Hasta desde el massismo se permitieron hablar del tema. El concejal del Frente Renovador Fernando Asencio admitió públicamente que la Provincia castiga al distrito, una posición que contrasta con la tibieza de la estructura del partido.
Los análisis que hacen los peronistas del diálogo es que el entredicho fue respecto de un tema muy puntual, que “no responde a una politica o medida tomada por provincia, por poner un ejemplo; sino a una tremenda desgracia”. “No da mezclar todo”, dijeron, a pesar de que Magario levantó una bandera que supo enarbolar el propio Martín Insaurralde: la municipalización de la policía.
También esgrimieron motivos relacionados al “costo político” de pegarle a Vidal, una mujer con buena imagen que se instaló con el discurso de la “lucha contra las mafias”. Otros adujeron que “la sombra de Espinoza” es un disuasivo potente para meterse al toma y daca de golpes, y que sólo quienes tienen el padrón matancero les da plafón para lanzarse a semejante aventura. Y no falta quien sospecha que el contrapunto se armó con fines electorales, para posicionar a Magario en la línea de largada de la carrera hacia 2019.
Desde la otra vereda suenan voces más crispadas que denuncian motivaciones espurias. “Acá ninguno de ellos habla porque tienen acuerdos con Vidal. Para que quede claro: ellos son Vidal”, disparan, aludiendo a Menéndez y su tropa, mientras mastican la bronca por las leyes que los legisladores que se alinean con los intendentes facilitaron al gobierno provincial y los “cargos” que abrazaron aunque los criterios de proporcionalidad que tradicionalmente se usan para distribuirlos no los hacían merecedores.
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