La Copa Libertadores vivió otra de esas noches memorables. En este caso, el Neo Química Arena de Sao Paulo fue testigo de una definición infartante, que paralizó corazones. De un lado, Estudiantes y el golazo de Alexis Castro que parecía sentenciar la clasificación del Pincha a la semis. Del otro, Corinthians y una oportunidad de oro en los pies de Memphis Depay tras el penal agónico cometido por Leandro González Pírez cuando el encuentro se moría. La resolución, indescriptible.
El neerlandés tuvo desde sus pies la posibilidad de igualar el cruce y la serie, y de llevar la definición aunque sea a los disparos desde el punto penal. Cuando el VAR llamó al venezolano Jesús Valenzuela para que chequara la jugada, desde el costado albirrojo se tomaron las cabezas y comenzaron los rezos. Por el lado local, todo lo contrario: explosión y euforia ante una chance que parecía no llegar por ningún camino. Así se vivió, con sensaciones tan fuertes como opuesta, y con espectadores que reflejaron lo dicho, y que incluso lo documentaron.
En épocas en la que el celular es un anexo más del cuerpo, varios de los presentes no dudaron en tomar el suyo y registrar ese momento que quedará para siempre como uno de los más particulares de la Copa. Tras el pitazo del juez y la corta carrera del delantero rumbo a la pelota, los nervios y la desazón quedaron de lado por parte del público Pincha cuando la misma se elevó muy por encima del horizontal. El “Vamos!” de la tribuna siguió con abrazos, aliento y alguna que otra lágrima de emoción.
A cientos de metros de allí, pero mucho más cerca de la acción, todo lo contrario. Con Fernando Muslera de espaldas y el atacante de frente, los “Vamos Corinthians” del inicio fueron rápidamente reemplazados por insultos en el momento en el que la pelota se alejaba de un destino deseado por los Timao. De aquella explosión de alegría y euforia se pasó a la desazón y a la bronca para con el ejecutante y para con un destino inexorable. Las dos caras de una misma moneda, en una noche difícil de olvidar.


