En la canchita de césped de los institutos de menores ubicados en la calle 520, la primera práctica del taller parecía un territorio sin ley. Mauro Amato, exdelantero formado en Estudiantes de La Plata, recuerda de forma nítida la advertencia frontal que le hizo uno de los internos al pisar el campo, “profe, acá estamos en cana y jugamos de esta manera así”, en una entrevista exclusiva para INFOCIELO PLAY explica su decisión pedagógica y simbólica que cambiaría la dinámica del grupo, “traje una cinta, delimité la cancha y expliqué: ahí ya le puse el límite”.
A partir de esa línea blanca improvisada sobre el pasto, el exfutbolista estableció reglas estrictas de juego: la violencia explícita se sancionaba con tarjeta roja y las faltas dentro del área se cobraban como penal. Para Amato, la desprolijidad y agresividad del juego no eran más que el reflejo directo del desamparo estructural en el que se criaron los jóvenes, “en general los chicos no tienen papá, o sea está preso, muerto o separado. ¿Entendés? Entonces, ¿quién le pone un límite en la preadolescencia o en la adolescencia?”.
La gambeta a la vorágine
Nacido en 1973, hijo de una familia trabajadora de Gonnet —con un padre obrero de fábrica y una madre peluquera—, Amato descubrió su vínculo con la pelota a los cuatro años y dio sus primeros pasos en el Club Hernández antes de incorporarse a Estudiantes. Debutó como titular a los 18 años en el estadio Monumental logrando un recordado triunfo 3-1 frente a River Plate. Tras una extensa trayectoria profesional por clubes como Huracán de Corrientes, Atlético Tucumán, Instituto de Córdoba, Banfield, Aucas de Ecuador y Sarmiento de Junín, su carrera acumuló anécdotas insólitas, desde casarse a los 22 años para buscar la ciudadanía italiana hasta presenciar un atentado con coche bomba en Colombia.
Luego de retirarse y ejercer durante 12 años como director técnico en las inferiores del club de La Plata, el hito de sus 50 años lo llevó a reflexionar sobre su propio ritmo de vida. Decidió apartarse del ambiente del fútbol profesional para buscar una existencia más tranquila, eligiendo deliberadamente no tener televisión en su casa ni consumir redes sociales, “siento que es una gran rebeldía, la televisión es una contaminación auditiva y visual que me saturó la cabeza”, explica Amato.
Mientras agrega, “a mí me gusta mucho detenerme y no ir con la vorágine de la vida; cuando me detengo es donde empiezo a observar”, esa necesidad de observación pausada lo condujo hacia el trabajo comunitario con jóvenes privados de su libertad.
El taller “Fútbol y Valores” y la pedagogía del abrazo
El punto de partida del proyecto ocurrió cuando un grupo de internos del Instituto Pellegrini visitó el predio de Estudiantes para realizar una actividad de radio. Al observar la integración espontánea entre los chicos del penal y los juveniles del club, Amato entendió que debía intervenir en ese ámbito. Pese a que la iniciativa estuvo encajonada durante un año y medio por demoras burocráticas y políticas, finalmente logró defender el proyecto y comenzar las clases.
En el taller, titulado “Fútbol y Valores”, el juego funciona como un vehículo de transformación. Para incentivar la solidaridad por encima del individualismo, el docente impuso una norma singular para los premios, “llevo gaseosa o jugo para el mejor gol en equipo, no individual. Le saco el tema del individualismo”, sostiene el ex futbolista.
Además, Amato costea de su propio bolsillo tortas de cumpleaños para festejar las fechas de los pibes dentro del recinto, “llevo una torta para tener el gesto de que se festeje el cumpleaños, es despertar ese tipo de alegría y demostrarle al pibe que hay alguien que piensa en él”.
Esa presencia afectiva reconstruyó los lazos de confianza y contención dentro del instituto, “cuando conectás desde la confianza y abrís el canal de la comunicación, ellos se sienten contenidos, para dos o tres es como que soy el segundo papá, y que te digan eso es muy fuerte”. Para Amato, “lo que logramos entre los pibes y yo fue una construcción; ahora hay goles de primera división y ahí está la pureza del fútbol donde no hay plata de por medio”.
Las voces de la celda y el horizonte exterior
El taller tampoco esquiva los debates sociales sobre la seguridad y la juventud. Mauro Amato sostiene la iniciativa realizando colectas independientes de botines, pelotas, ropa deportiva y mancuernas entre sus allegados, remando la iniciativa sin apoyo institucional ni político. Frente a las discusiones mediáticas que proponen endurecer las penas o reducir la edad de punibilidad, expresa una postura crítica, “lo discuten como si fuera una solución a esa inseguridad estúpida”.
“Desde la política no me llamó nadie para ver cómo viven o cómo es la historia de los pibes”, es contundente Amato.
Dentro del penal, los propios jóvenes cuestionan la efectividad del castigo judicial. Dani, uno de los participantes del taller, le transmitió a Amato su visión sobre las falencias del Estado, “¿qué pasa Mauro si un nene roba o a los 11 se le escapa un tiro? ¿Van a seguir bajando la ley?” y es muy firme con su compromiso, “alguien tiene que estar atento a esas casas, a esos barrios donde hay pibes en la calle, y educarlos en lo que nos faltó”.
El hito más significativo del proceso pedagógico sucede en el momento de la egresión. Amato recordó la despedida de Alea, un joven de 17 años que recuperó la libertad tras purgar casi dos años de condena. Antes de que el muchacho cruzara el portón para reencontrarse con su familia, compartieron una última charla de reflexión, “lea, a vos te tocó vivirla ahora a los 17 años; la vida loco te puso un freno para que vos te des cuenta dónde están las posibilidades nuevas”.
“Mauro, ya sé que esta no es la vida. Lo que viví acá no lo quiero vivir nunca más”.
Consciente de los peligros de reincidencia al retornar a entornos sociales complejos, Amato alienta a los chicos a buscar alternativas familiares como radicarse con abuelas o tías para alejarse de los circuitos delictivos. Para el exfutbolista, el éxito de su misión radica en no volver a cruzárselos tras las rejas, “Cuando salgan dos o tres de los chicos con los que tengo un vínculo muy grande, nos vamos a ir a comer un asado todo en libertad, todo afuera”


