Lionel Messi volvió a sacar el cuatro del mazo. Acá nadie se la tatuó, no. A los 39 años, cuando cualquier futbolista normal comienza a contar los kilómetros recorridos, el rosarino sigue contando goles. Y de a cuatro: este sábado, con la camiseta de Inter Miami, Leo desempolvó una de aquellas obras que parecían guardadas en el museo de sus años dorados en Barcelona. Después de seis temporadas y media, volvió a firmar un póker: cuatro goles en un mismo partido, una proeza que no conseguía desde febrero de 2020.
Montreal Impact se convirtió así en una nueva víctima de esa voracidad que no entiende de calendarios ni documentos. Fue el octavo partido de Messi a nivel clubes con cuatro goles o más y el séptimo en el que clavó exactamente cuatro. Sí, exactamente, como si existiera alguna necesidad de aclararlo. Porque en el diccionario futbolero de Leo, lo extraordinario suele aparecer disfrazado de rutina.

La función comenzó a los 40 minutos del primer tiempo en el Nu Stadium, cuando Messi ejecutó un tiro libre que Thomas Gillier no pudo detener. A los cinco del complemento, una asistencia de Luis Suárez le permitió ampliar la cuenta. Parecía suficiente, pero para Leo dos goles apenas eran el entreacto. A los 38 minutos aprovechó un pase de Paul para completar el hat-trick y, a los 51, bajó definitivamente el telón con otro tiro libre. Cuatro estocadas, dos de pelota parada y una nueva pelota imaginaria bajo el brazo. Como en sus mejores noches. O, mejor dicho, como siempre.
Hasta este sábado, la última vez que había encendido el cartel luminoso del póker había sido el 22 de febrero de 2020. Messi llevaba cuatro partidos sin convertir, una eternidad para sus parámetros, y respondió con cuatro tantos en el 5-0 del Barcelona ante Eibar en el Camp Nou. Marcó a los 14, 37, 40 y 87 minutos, completó su hat-trick antes del descanso y le dejó a Arthur Melo la firma restante.
Eibar ya conocía el procedimiento. El 19 de septiembre de 2017 también había recibido cuatro goles de Leo en la victoria 6-1 del Barcelona. El rosarino abrió la cuenta de penal a los 20 minutos y volvió a aparecer a los 59, 62 y 87. Entre el segundo y el tercero apenas necesitó tres minutos, una ráfaga que terminó de convertir el partido en otra pieza para su colección.
¿Cuáles fueron las otras obras maestras goleadoras de Leo?
El 27 de enero de 2013, la víctima había sido Osasuna. Barcelona ganó 5-1 y Messi convirtió a los 11, 28 —de penal—, 56 y 58 minutos. Pedro anotó el tanto restante, aunque la pelota volvió a irse bajo el brazo del rosarino. Aquella tarde, además, Leo superó la barrera de los 200 goles en la Liga española y, con 25 años y 217 días, se transformó en el jugador más joven en alcanzar esa cifra.
Unos meses antes, el 5 de mayo de 2012, se había apropiado por completo del clásico ante Espanyol. Messi marcó todos los goles del triunfo 4-0 del Barcelona, con festejos a los 12, 64, 74 y 79 minutos, dos de ellos mediante penales. Así alcanzó los 50 tantos en aquella edición de la Liga y despidió a Pep Guardiola, en su último partido como entrenador culé en el Camp Nou, llenándole la valija de goles.
Ese mismo año, el 19 de febrero, Valencia había tenido la mala idea de ponerse en ventaja mediante Pablo Piatti. La respuesta de Messi fue feroz: convirtió a los 22, 27, 76 y 85 minutos para encabezar la remontada del Barcelona, que terminó ganando 5-1 con otro tanto de Xavi Hernández. Leo disputaba su partido número 200 en la Liga española y decidió celebrarlo con cuatro velitas.
El origen de la colección se remonta al 6 de abril de 2010, en la revancha de los cuartos de final de la Champions League. Arsenal comenzó ganando con un gol de Nicklas Bendtner, pero terminó despertando al dueño del espectáculo. Messi marcó a los 21, 37, 42 y 88 minutos, selló el 4-1 ante Arsenal y clasificó al Barcelona a las semifinales con un global de 6-3. Con apenas 22 años, descubrió que una pelota también podía funcionar como una baraja y mostró por primera vez sus cuatro ases.
Entre tantas noches de cuatro también hubo una en la que el póker le quedó chico. El 7 de marzo de 2012, Leo convirtió cinco goles en el 7-1 frente al Bayer Leverkusen y se transformó en el primer jugador de la era moderna en firmar un penta en la Champions League.
Catorce años después de aquella exhibición y más cerca de los 40 que de los 20, Messi volvió a repartir cartas. Cambiaron la camiseta, el estadio, la ciudad y los rivales. Lo que sigue intacto es el truco: cuando parece que la función está por terminar, Leo siempre guarda otro gol en la manga.

