¿Y si la marca para siempre en el almanaque? Joaquín Tobio Burgos vivió una semana de esas que pueden marcar el pulso de un momento deportivo. Porque en la red terminó siendo determinante, redondeándose como una de las figuras del Clásico Platense, todo después de haber marcado también un gol importante en la Copa Libertadores. Sí: el juvenil canterano primero le convirtió a Universidad Católica en el amanecer del partido del martes y, después, lo hizo en el Clásico Platense, confirmando que su talento no pide permiso: aparece, golpea y deja una marca que ya no se borra.
Antes de regalarse su propio festejo, Tobio Burgos -de 21 años- ya había sido decisivo frente a Gimnasia, en esa goleada que se recordará durante mucho tiempo. Y que seguramente Joaquín rememorará. Porque, primero, le cometieron la falta de la expulsión de Alexis Steimbach. Porque, después, cuando el partido todavía estaba empatado desbordó por la izquierda con atrevimiento, levantó la cabeza y envió un centro perfecto hacia la llegada de Eros Mancuso, quien definió de volea el 1-0. Una asistencia con precisión de veterano y la frescura de un pibe sin miedo. Y voló.
El premio llegó sobre el final. Con Gimnasia adelantado, Correa recuperó la pelota luego de una caída de Nacho Fernández y Tobio Burgos picó al vacío. Nelson Insfrán salió a atorarlo, pero Joaquín tuvo la sangre fría para pincharla: la pelota entró mansita, como si supiera que aquella tarde también era muy suya en UNO. Y permitió que todos celebraran el tercero, sin saber que vendría un cuarto de Alexis Castro. Incluso se dio el lujo de tirarle un caño a Nacho Fernández.
Cinco partidos le alcanzaron en este semestre para meter un envión en su carrera. En el Clásico justificó su titularidad con desborde, una asistencia y un gol para guardar. Tobio Burgos no sólo aprovechó su oportunidad: jugó con el corazón de quien entendía que era momento de dar ese paso de pibe a grande y romperla en un partido de alta gama. Aprobadísimo.

