Una jugada impecable. Una lectura precisa. Y una definición top. Todo eso incluyó el primer gol del Clásico Platense, el que festejó Estudiantes y que fue coronado por un remate de Eros Mancuso. El lateral derecho definió de volea una acción colectiva que nació de un tiro libre en campo propio y que terminó con un chute seco (o húmedo, dada la llovizna) que Nelson Insfrán no pudo detener.
La secuencia de siete pases comenzó con una jugada a balón parado por foul de Germán Conti que Estudiantes jugó hacia atrás. Primero Santi Núñez, después Tomás Palacios, luego Gastón Benedetti, quien leyó bien los movimientos para encontrar en zona ofensiva a Alexis Castro. Fue este último quien entendió cómo había que romper por la banda, allí donde Gimnasia acababa de quedarse con uno menos: esperó a que Joaquín Tobio Burgos se posicionara y atacó el espacio.
Joaquín hizo lo que ameritaba: con espacios, encaró a su marcador, recortó hacia afuera y lanzó un centro preciso, buscado, casi al vértice del área grande. Allí donde Mancuso apareció para pegarle de volea, con un repiqueteo en el piso, para mandar a la red el 1-0 y hacer estallar a UNO. Una definición impecable que minutos antes había ensayado Baltasar Rodríguez y que —roce mediante— acabó en ventaja a favor del local.
Se trató del primer gol de Mancuso desde que volvió al club en enero. Un lateral derecho que le ganó la pulseada por la titularidad a Eric Meza, que se metió en la alineación que el Cacique Medina planteó para disputar el Clásico Platense y que terminó justificando con ese bombazo que inclinó el score.

