Alejandro Campodónico es mucho más que únicamente un nombre de peso en el sector productivo bonaerense por su reciente designación al frente de la Unión Industrial del Gran La Plata; es, ante todo, la cara visible de una estirpe que echó raíces en la capital provincial casi al mismo tiempo que se trazaban sus diagonales.
Durante una charla con Albino Aguirre, el ingeniero agrónomo egresado de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) repasó el ADN de una empresa que es espejo de la evolución urbana y económica de la región.

“Soy ingeniero agrónomo recibido en la Universidad de La Plata y formo parte de una empresa familiar que es Molino Campodónico”, comenzó explicando para dar contexto a una trayectoria que se confunde con la de la propia ciudad.
Para Campodónico, el vínculo es innegociable: “El Molino es una empresa te diría casi fundacional de la ciudad, se crea en el año 1888, a los poquitos años del nacimiento de La Plata”. Esta relación centenaria marcó el pulso de una industria que hoy transita un relevo generacional clave, donde él, como cuarta generación, ya cedió el día a día a sus sucesores: “Presido el molino desde el año 2015 y la quinta generación es la que gestiona hoy; yo soy parte del directorio con una responsabilidad más política”.
Una empresa casi fundacional
Al hablar de la identidad platense, Campodónico busca derribar el “mito de una capital exclusivamente volcada a la administración pública”.
Su visión es contundente al respecto: “La Plata está catalogada como ciudad administrativa y tiene una fuerza y un entramado industrial mucho más grande del que uno cree. Hay más de 600 empresas”. Esta realidad, a menudo invisible para el ciudadano común, es el motor que el dirigente busca potenciar desde su rol institucional, trabajando en conjunto con el municipio para regularizar parques industriales y facilitar la radicación de nuevos proyectos.
“Nosotros recibimos de la municipalidad una ayuda muy grande para regularizar todo el tema de habilitaciones”, destacó al referirse a la burocracia que históricamente trabó el crecimiento local. Campodónico valora herramientas como los programas de “persianas abiertas”, que permiten a las industrias comenzar a producir sin frenos administrativos iniciales, entendiendo que el tiempo en la producción es un activo crítico.
El corazón de la industria local
Uno de los ejes que más resalta en la entrevista el titular del Molino Campodónico es la necesidad de un conocimiento mutuo entre los protagonistas del sector para fortalecer la economía regional.
“¿Por qué tenés que traer harina de Chacabuco cuando la tenés a seis cuadras?”, se pregunta al ejemplificar lo que denomina “economía circular” y la importancia de las ruedas de negocios locales. Para él, el crecimiento no es una competencia solitaria: “El espíritu y la filosofía que rige nuestra unión es colaborativa. Yo te voy a generar mejores condiciones para que a vos te vaya bien porque eso mueve la economía de la zona”.

Esta mirada colaborativa se extiende al recurso más valioso de cualquier planta: su gente. “El recurso humano es el corazón de las industrias nuestras”, afirmó con convicción, vinculando directamente la competitividad con la capacitación constante y el apoyo a las escuelas técnicas de la región.
Educación Técnica y Economía Circular
La conexión con la educación técnica y universitaria es, según su testimonio, el puente hacia el futuro de la producción platense. “La región tiene siete colegios industriales que generan los técnicos potenciales que vos vas a contratar”, señaló sobre la importancia de las prácticas profesionalizantes. Vale recordar que el legendario molino se halla en medio de un área hoy urbana de la ciudad de La Plata, y frente al (quizás) más emblemático de los secundarios técnicos, como es el Albert Thomas.
Además, adelantó proyectos de vanguardia con la UNLP: “Estamos proponiendo un observatorio medioambiental con Ingeniería donde se van a relevar temas de tecnología y medio ambiente”.

Este compromiso con el conocimiento busca que el industrial no se agote en la urgencia del mercado. En sus palabras: “Buscamos aportarle cosas a los industriales para que ellos se enfoquen en lo que hoy necesitan, que es acomodar la realidad de un mercado que no arranca”.
El legado de la quinta generación
Pese a los vaivenes económicos y las distorsiones que históricamente afectaron a la molinería en Argentina, como la sobrecapacidad instalada o las intervenciones de mercado, Campodónico mantiene una visión de permanencia basada en la cadena de valor.
“Los industriales tratamos de fortalecer las cadenas porque, en la medida que vas avanzando, el valor se multiplica”, explicó al diferenciar la exportación de materia prima “cruda” de la de productos elaborados como galletitas o fideos que aportan el tan deseado “valor agregado”.
El camino de Molino Campodónico, con sus 138 años de historia, sigue firme en las manos de la quinta generación, proyectando a La Plata no solo como una ciudad de facultades y ministerios, sino como un polo industrial con identidad propia y raíces profundas.
“Esto es una rueda que se retroalimenta: generar riqueza en la región para generar empleo”, concluyó, reafirmando que la historia de su empresa y la de la ciudad seguirán escribiéndose juntas.

