Hay fenómenos que ocurren una vez cada siglo o hasta milenio. El eclipse total de sol, el paso del cometa Halley o que en el horario central de la televisión abierta porteña se ensaye un elogio llano, sin peros ni dobles discursos, a una gestión de la Provincia de Buenos Aires. Más exótico aún si esa ‘caricia’ proviene de la pantalla de un canal de alcance nacional y el destinatario implícito no es otro que un gobierno peronista.
En su editorial titulado “Postales del adiós”, el eterno conductor del noticiero de Telefe, Rodolfo Barilli ‘rompió la Matrix’ del sentido común mediático. Habituados los televidentes a los prejuicios que caen como un yunque sobre el Conurbano (esos que auguraban que la masiva despedida al Indio Solari iba a terminar en un “bardo” o en “incidentes”), Barili puso sentido común sin operación política ante la evidencia: la coordinación estatal existió, funcionó con precisión y cuidó a la gente.
Romper los prejuicios en 48 horas
El análisis de Barili partió de una base incómoda para el manual del buen opositor que mira TV abierta. Reconoció que, frente a un evento inédito que movilizó a cientos de miles de personas, los reflejos del Estado bonaerense y local estuvieron a la altura del desafío.
“Solo 48 horas tuvieron la Municipalidad de Avellaneda, el Gobierno de la Provincia y la familia para establecer el marco de una convocatoria inédita… Fue multitudinario, fue inesperado y se resolvió en escaso tiempo”, lanzó el conductor en un prime time habitualmente blindado a las buenas noticias de cuño peronista.
Lo verdaderamente disruptivo de la pieza televisiva no fue la obvia emoción por la partida de una de las figuras más convocantes de la música popular argentina, sino la tregua política. En un entorno mediático donde cualquier bache en una ruta provincial suele convertirse en una tesis sobre la inviabilidad de la gestión de Axel Kicillof, que un conductor devenido esta vez en editorialista central, destaque la rapidez de reflejos y la articulación entre el municipio que conduce Jorge Ferraresi y la Gobernación resulta, cuanto menos, llamativo.
La contracara del caos de 2020
El conductor no dejó pasar la oportunidad para contrastar la madurez organizativa actual con los fantasmas del pasado reciente. Barili recordó aquel caótico velatorio de Diego Armando Maradona en plena pandemia y marcó diferencias con lo ocurrido esta vez.
“Esta vez se pudo. Aprendimos, mejoramos… Salió bien”, resumió durante el editorial.
Y ese “salió bien” no fue un mero producto de la casualidad. Detrás del comportamiento ejemplar de una multitud que soportó horas de espera, frío y lluvia, hubo un operativo de seguridad, logística y contención sanitaria que muchas veces queda fuera del foco cuando la noticia no encaja con determinados relatos.
Para buena parte de la televisión porteña, el Conurbano suele ser presentado como sinónimo de conflicto. Para la realidad de esa jornada, en cambio, fue el escenario de una organización que evitó incidentes y permitió una despedida masiva en paz.
Una caricia inesperada para la Gobernación
A fin de cuentas, el editorial de Barili terminó funcionando como un reconocimiento inesperado para los despachos de Calle 6. Organizar en tiempo récord el funeral de una figura de semejante dimensión popular, garantizar el ingreso y egreso ordenado de miles de personas y lograr que hasta voces habitualmente críticas destaquen el resultado, es un hecho exótico de cobertura honesta y que respeta los hechos tal cual como sucedieron, impensado en la televisión actual.
La escena tuvo además un valor simbólico difícil de ignorar. Durante años, buena parte del discurso mediático construyó una imagen de incapacidad estructural del Estado bonaerense.
Lo ocurrido en Avellaneda obligó, al menos por una noche, a admitir que la articulación entre distintos niveles de gobierno puede funcionar cuando existe decisión política y capacidad de gestión.

