Tras dos décadas de trabajos minuciosos, la recuperación de los históricos lucernarios devuelve la luz natural a las salas donde conviven la ciencia, la historia y la identidad platense. Caminar hoy por las salas del Museo de Ciencias Naturales de La Plata se siente distinto. Hay un brillo nuevo que no proviene de lámparas LED ni de reflectores modernos, sino del cielo mismo. Después de meses de andamios, ruidos de obra y el paciente trabajo de especialistas, el histórico edificio del Paseo del Bosque completó una de sus etapas de restauración más significativas, la recuperación de sus techos y lucernarios. La luz natural, esa que los arquitectos fundacionales planearon a finales del siglo XIX, volvió a entrar de lleno para iluminar el patrimonio.
La culminación de este tramo de las obras motivó una recorrida encabezada por el presidente de la Universidad Nacional de La Plata, Fernando Tauber, quien caminó los pasillos junto a la directora del Museo, Marta Fernández, la decana Sandra Torrusio, el vicedecano Eduardo Kruse y el secretario de Planeamiento, Diego Delucchi.
“El Museo, por su valor histórico, su magnitud y su estética tan particular, requirió de un trabajo muy delicado y costoso que pudimos llevar adelante a lo largo de diferentes etapas”, reflexionó Tauber durante la caminata.
Una batalla artesanal contra el tiempo y las filtraciones
Mantener en pie y reluciente un coloso neoclásico construido entre 1884 y 1889 no es tarea sencilla. El equipo técnico de la UNLP lo define como una intervención de enorme complejidad. Es que en el techo del Museo conviven allí terrazas planas, curvas, techos a dos aguas, chapas galvanizadas, baldosas de azotea y las delicadas estructuras de vidrio que funcionan como tragaluces.

El paso del tiempo y las lluvias habían empezado a pasar factura en forma de filtraciones. Para solucionarlo, los obreros y arquitectos tuvieron que realizar un trabajo casi artesanal, se cambió el maderamen y las estructuras de soporte deterioradas, se renovaron canaletas y desagües, y se realizó una limpieza profunda y colocación de protecciones en los lucernarios.
Abajo, a nivel del suelo, la imponente escalinata principal y el atrio de acceso —ese por el que pasan miles de estudiantes y turistas de todo el mundo cada año— también fueron rejuvenecidos mediante una limpieza profunda y el sellado de sus fisuras.
Veinte años de cuidar la historia
Este hito de infraestructura no es un hecho aislado. Es el eslabón de una larga cadena que comenzó en 2005, pasando por la odisea de reparar los destrozos del histórico granizo de 2008, hasta la colocación de sistemas de protección contra descargas atmosféricas y el sistema ahuyenta palomas.
A la par de estos macroproyectos de la Universidad, la Facultad de Ciencias Naturales y Museo viene haciendo su propio trabajo puertas adentro. En los últimos años, las salas de exhibición permanente (como la de La Tierra, Evolución Humana, la Egipcia o la de Zoología de Vertebrados) fueron remodeladas y modernizadas para que el relato de la evolución de la naturaleza —desde el Big Bang hasta las culturas humanas— se cuente de una manera más accesible y atractiva.
Defender la ciencia en tiempos complejos
La obra se termina de consolidar en un escenario que la comunidad universitaria no esquiva. Con más de 300 investigadores, docentes y becarios trabajando en sus laboratorios, el Museo de La Plata es un motor científico vivo, un paseo de fin de semana y una postal turística obligada del circuito internacional. Hoy, ese motor fundacional de la ciudad recuperó su resplandor original y, sobre todo, volvió a llenarse de luz.


