El reciente y trágico episodio del tiroteo en una escuela de Santa Fe ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad que angustia a familias y escuelas: el abismo comunicativo con los adolescentes. Ante la mirada de padres y docentes que intentan descifrar qué ocurre en el mundo interno de los jóvenes, la respuesta suele ser un muro infranqueable. “La pregunta de los padres es: ‘¿Qué te pasa, contame qué te pasa?’. Y el chico habitualmente responde: ‘Nada, no sé, no te metas’”, explica la licenciada Claudia Messing, psicóloga, socióloga y presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar.
Entrevistada en “Palabras más palabras menos” al aire de La Cielo, Messing explica que este “nada” no es solo una evasiva, sino el síntoma de un cambio profundo en los vínculos que ella denomina “simetría inconsciente”. Según la experta, las nuevas generaciones copian de tal manera a sus padres que “quedan ubicados en paridad con el adulto; se sienten adultos, se confunden, se equiparan y confían más en sus opiniones que en lo que los padres le pueden decir”. Esta paridad, lejos de facilitar la charla, genera una “desconexión emocional”. El adolescente se aleja porque, al estar tan cerca psíquicamente del adulto, tiene miedo a la confusión y necesita marcar una distancia drástica para lograr su propia identidad.
El peligro de la autosuficiencia y el bullying
En este escenario de igualdad ilusoria, el adolescente se siente obligado a ser un roble. Messing advierte que hoy los chicos se hiperexigen y se sienten permanentemente observados. “Pedir ayuda para un chico que cree que tiene que ser autosuficiente, que tiene que poderlo todo, es humillante”, afirma con contundencia. Esta rigidez interna es la que vuelve al bullying una experiencia devastadora: “El bullying penetra tanto porque penetra en la cabeza de un chico que siente que todo es terrible, que no puede dimensionar y que no cuenta con la posibilidad de ir a los padres y buscarlos como figuras protectoras”.
A diferencia de otras épocas, la mirada del otro es constante a través de las redes sociales, lo que genera que los jóvenes tomen todo de forma absoluta y literal. “El fenómeno del bullying es mucho más frecuente, intenso y doloroso. Por esta rigidez interna, por la exigencia de perfección”, señala Messing, vinculando este sufrimiento con el preocupante aumento en las tasas de suicidio adolescente.
Herramientas para adultos: De la pregunta a la descripción
¿Cómo atravesar ese muro del “no me pasa nada”? La especialista sugiere un cambio de estrategia radical para padres y docentes: dejar de interrogar para empezar a describir. “En vez de preguntarles qué pasa, pongamos en palabras lo que vemos que está sucediendo decirle: ‘Yo te noto muy raro, te noto muy distante, algo sé que te está pasando“. Se trata de acercarse de manera no crítica, validando la propia intuición y percepción emocional, ya que “hoy sabemos más de lo que pasa cuando nos conectamos emocionalmente que cuando hablamos y preguntamos”.
Finalmente, Messing hace un llamado a no retroceder ante el rechazo del joven. Es vital diferenciar la vulnerabilidad de la debilidad. “Conectar con la vulnerabilidad del otro y con la propia; no es debilidad, es conectar”. La postura del adulto debe ser firme y amorosa a la vez, enviando un mensaje claro de presencia: “No mi amor, estamos viviendo muy mal y no te voy a dejar solo, no voy a dejar que te encierres en tu cuarto horas y que me dejes afuera de esta manera”. En un mundo donde los “observadores” del acoso escolar suelen callar, la intervención activa y la conexión emocional de los adultos se vuelven la última barrera de protección

