El radicalismo bonaerense necesita dejar atrás con rapidez el magro desempeño en las dos elecciones legislativas de 2025 y reposicionarse de cara a los comicios del año próximo, en los que pondrá en juego buena parte del poder territorial que aún conserva a través de sus más de 25 intendentes.
Antes, sin embargo, deberá superar la fragilidad institucional en la que quedó sumergido tras la judicialización de sus elecciones internas. El estado de virtual acefalía y la falta de legitimidad plena de sus autoridades derivaron en un esquema precario, apenas sostenido por organismos partidarios de contingencia creados para atender las urgencias electorales y un Foro de Intendentes abocado su propia agenda de gestión.
Más allá de las proclamas en favor de la unidad, el escenario vuelve a exhibir fragmentación y miradas contrapuestas sobre el rumbo que debe tomar el centenario partido. Todo en un contexto de fuerte polarización política que deja poco margen para opciones de centro, el terreno donde históricamente la UCR se sintió más cómoda.
En la disputa por el control del Comité, el sector referenciado en el senador nacional Maximiliano Abad dio días atrás su primera demostración concreta de fuerza. Reunió en Mar del Plata a cientos de militantes y se mostró junto a legisladores, intendentes y al histórico exintendente de San Isidro, Gustavo Posse. El acto, en su ciudad natal, funcionó como carta de presentación de su intención de recuperar la conducción provincial del partido.

Como es sabido, el abadismo tomó distancia deMiguel Fernández, a quien el propio Abad había apadrinado para sucederlo al frente del Comité. La ruptura se profundizó por la estrategia de alianzas impulsada por el exintendente de Trenque Lauquen, en especial ante la decisión de jugar dentro de Somos Buenos Aires —un armado con sectores del peronismo disidente y díscolos del PRO— y por el buen vínculo que varios intendentes sostuvieron con la gestión de Axel Kicillof.
La fractura se agravó con el armado de las listas nacionales de octubre, que terminó de balcanizar al radicalismo. El espacio referenciado en Martín Lousteau optó por jugar con Provincias Unidas, mientras que el sector de Fernández y algunos intendentes confluyeron con la Coalición Cívica.
La atomización también tuvo impacto en la Legislatura bonaerense, con nuevas divisiones y reacomodamientos. El acercamiento de la diputada Alejandra Lordén al armado de Fernández derivó en la conformación de un nuevo bloque político que partió en tres la representación parlamentaria boina blanca.
El sector que lidera Fernández —con varios intendentes y un grupo de legisladores— también prepara su propia foto política, con un encuentro en la Cuarta Sección previsto para este sábado. La intención que impulsan es no quedar reducido a la “rosca partidaria”, vincularse con la agenda productiva regional y enviar una señal de respaldo a los jefes comunales que gestionan en un escenario económico y social particularmente complejo.
Una reunión sin definiciones, pero con cartas sobre la mesa
La proclama pública del abadismo de adelantar los comicios internos a la primera parte de 2026 fue el eje central de las disputas en la primera reunión del año del Comité de Contingencia.
Representantes de todos los sectores participaron el jueves en La Plata —solo tres lo hicieron por Zoom— para comenzar a ordenar el funcionamiento institucional de la UCR bonaerense.
En ese marco, el sector de Abad formalizó el pedido para modificar la fecha de las elecciones, originalmente prevista para septiembre. “Quieren hacerla en junio o antes del Mundial”, explicó a Infocielo uno de los asistentes.
El movimiento cuenta con el aval de Evolución, que prioriza la realpolitik de la coyuntura por sobre un debate político más amplio.
La propuesta, sin embargo, encontró resistencias en el sector de Fernández y en el representante que responde al diputado nacional Pablo Jiuliano, quien quedó como referencia provincial de Facundo Manes tras el desembarco del neurocientífico en la Capital Federal.

Si bien no rechazan de plano el adelantamiento, advierten que no puede quedar desligado de una discusión de fondo sobre el rumbo político del partido. “Quieren hacer todo a las apuradas”, señalaron desde ese espacio, en alusión a la vocación de poder que evidencia el abadismo.
En ese mismo sentido, reclaman que la multiplicidad de voces internas encuentre representación. “Además de Abad y Evolución, están los intendentes con Miguel, el espacio de Pablo Jiuliano y el de Fredy Storani”, detallaron.
En medio de esa puja aparecen también un grupo reducido de intendentes “boyando” que, por ahora, prefieren no alinearse con ninguno de los bandos en disputa.
Además recordaron además que la fecha de septiembre ya había sido acordada y comunicada al juez federal con competencia electoral, Alejo Ramos Padilla, lo que obligaría a reconfigurar todo el calendario.
En este contexto complejo, el radicalismo busca empezar a ordenarse internamente para llegar mejor posicionado a 2027, un momento electoral del que todavía se desconocen las reglas —si habrá o no PASO, desdoblamiento, o reelecciones para intendentes— pero que vuelve a proyectarse polarizado. En ese escenario, la UCR deberá desenvolverse y será un actor codiciado tanto por La Libertad Avanza como por el peronismo opositor a Milei para robustecer sus respectivas coaliciones.

