La dicha en movimiento, el primer disco de Los Twist, empieza su historia en el legendario Café Einstein. Charly García escuchó al grupo de Pipo Cipolatti y Daniel Melingo. Y quedó encantado. Ya habían llevado un demo de dos canciones grabado de manera muy precaria a Daniel Grinbank, pero no le gustó; a Charly le encantó. “Yo los produzco” dijo. Y en julio de 1983 los llevó a Panda. Todo se hizo en 29 horas y media, a Charly (García) le sobraron unas horas en el estudio y así se produjo magia.

Los Twist, con Pipo Cipolatti y Daniel Melingo al mando creativo, con Eduardo Cano (bajo), Fabiana Cantilo (Coros), Gonzalo Palacios (saxo) y Polo Corbella (batería) aterrizaron en Estudios Panda, por entonces el laboratorio más moderno del circuito, pero usándolo como si fuera un juguete gigante. Lejos de las sesiones interminables de otras bandas de la época, la suya fue una grabación quirúrgica: tomas rápidas, arreglos mínimos y un espíritu juvenil que se filtraba en cada compás. La consigna era clara: nada de épica, nada de drama. Solo novedad, ritmo y una ironía tan afilada como sus guitarras limpias.
La batería se grabó seca, sin adornos, como si cada golpe buscara marcar el compás de una coreografía imaginaria. Encima flotaban guitarras que cortaban el aire como navajas, un saxo que parecía escapado de una playa surf californiana y coros que sonaban a teatro callejero, más cerca de Les Luthiers que del rock urbano que dominaba las radios. Melingo funcionó como arquitecto sonoro: obsesivo, conceptual, decidido a que el disco no se pareciera a nada que hubiera salido del país.
Las voces de Pipo, mitad cantor de rock, mitad animador de matiné, se grabaron casi en vivo, con una mezcla de exageración y precisión que hacía que cada frase pareciera una broma privada entre banda y oyente. Si algo no sonaba espontáneo, se descartaba. Si sonaba “demasiado profesional”, también.
En un clima donde la música buscaba solemnidad, Los Twist eligieron lo contrario: la liviandad como gesto político, el humor como arma secreta. Y esa decisión estética terminó convirtiendo La dicha en movimiento en un objeto rarísimo, un disco que no pretendía ser importante pero que terminó siéndolo por accidente.
Cuando finalmente salió en 1983, nadie esperaba que un puñado de canciones que parecían salidas de un carnaval beat —Cleopatra, Furor, Pensé que se trataba de cieguitos, El estudiante— fueran a convertirse en hits generacionales. Ni que un álbum grabado casi con espíritu de sátira se transformara en un clásico que todavía hoy suena moderno.

La Película
Hecha en pandemia, la dirección corrió por cuenta de Maximiliano Gutiérrez, quien además escribió el guión junto a Gonzalo Salaya. Los personajes son: Mario (encarnado por el actor y youtuber Kevsho) que conoce a Ana (protagonizada por Ornella D’Elía) en un recital de la banda, lo que desencadena una historia de amor que tiene como marco, de manera accidental, la grabación del mítico álbum del grupo en los Estudios Panda, en 1983.

El título de la película (originalmente se iba a llamar 29 horas y media, que fue el tiempo que demoró la grabación del disco), al igual que la propuesta visual, los temas cortitos, los personajes y los vestuarios de los personajes obedecen a un alineamiento que para la época era muy avanzada y que hoy sigue vigente.
En el elenco destacan nombres del calibre de Campi, Lalo Mir, Romina Ricci, Ronnie Arias y Julián Cerati, quien se puso en la piel de Pipo Cipolatti. Pipo es el único miembro de Los Twist que fue parte de la trama. Su personaje se llama Leandro, y es un productor televisivo de un programa de videos musicales. García fue el productor de La dicha en movimiento, fue personificarlo el actor Federico Pereyra, apareciendo en las sombras, desde la mesa de control. Mientras que para hacer a Daniel Melingo y Fabiana Cantilo, ambos ex integrantes del grupo, llamaron a Guido Pennelli y Sofía Morandi.

