El fútbol es un estado de ánimo. Hit aforístico de Jorge Valdano que Eduardo Domínguez ha intentado inculcar en Estudiantes. Quizás no siempre con el éxito o la regularidad que pretende. Pero el deté no se da por vencido. Y durante la pretemporada está insistiendo en que haya una reacción desde la fibra íntima para encarar los partidos de otro modo. Y para mecanizar no sólo movimientos: también actitudes.
Si a Domínguez se le escuchó gritar que “hay que aprender a jugar mal, hay que aprender cuando no te salen las cosas a apretar los dientes” es porque quiere que sus futbolistas se rebelen ante la adversidad. Desea jugar bien cuando cuesta más. Y “jugar bien” desde su óptica no sólo es coordinar pases sino lograr una sinergia emocional para que todo fluya en favor del resultado.

Ese Eduardo Domínguez que este sábado por la mañana bramó varias veces que “hay que acostumbrarse a ser agresivo” y que “si nos acostumbramos a caminar, caminamos” es el mismo que en noviembre pasado retó a Edwin Cetré durante un fútbol en espacios reducidos. “Si vas a trotar toda la práctica va a ser difícil hoy”, le había dicho en su momento al colombiano.
El entrenador incluso llegó a dejar el campo de juego durante algún entrenamiento viendo que el ritmo de sus dirigidos no era el que pretendía. Porque no copiaba las condiciones en las que luego se desarrollan los encuentros: trabajados, físicos, intensos, donde nadie quiere perder ni un centímetro. Especialmente en el fútbol argentino, aunque también ocurre en los torneos internacionales. El Mundial de Clubes permitió atestiguar que el método de la presión exhaustiva hiere a los rivales europeos, poco acostumbrados a ser avasallados.
Domínguez así comprende el fútbol: presión, inteligencia y un valor agregado emocional para que la atención y el foco estén puestos en el aquí y ahora. Para así reducir el margen de error. Algo que busca apuntalar físicamente con los trabajos que se están desarrollando en City Bell. Y que continuará progresivamente con el foco en la Supercopa Internacional que se pasaría al 9 de julio en la cancha de Independiente.
Centrado en esa definición ante Vélez, entonces, Estudiantes prefirió declinar la chance de jugar la Vitoria Cup en Brasil -se iba a jugar entre el 1° y el 6 de julio ante Deportivo Ferroviaria, Cruzeiro y Defensa y Justicia como participantes. El lugar del León lo ocupará Banfield.
Porque Domínguez tiene en la cabeza seguir incrementando las cargas en las prácticas. Elevar el umbral de intensidad. Conseguir que el plantel sintonice con esa idea madre. Con la cultura de la exigencia constante para que, cuando el partido lo amerite, el cuerpo y la mente respondan en consecuencia.

